Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El arte de volver a casa

El viaje interior hacia el tesoro que siempre estuvo cerca

A menudo viajamos a lugares remotos persiguiendo ideales que ya habitan en nuestro hogar. Este relato nos invita a perder el miedo al error y a entender que el desvío y la reconstrucción constante no son una pérdida de tiempo, sino el único camino para aprender a valorar lo que siempre estuvo cerca.


Salimos al mundo en busca de nuestros sueños e ideales, a pesar de saber que a menudo imaginamos en lugares remotos lo que en realidad está al alcance de nuestras manos. Cuando descubrimos el error, nos damos cuenta del largo tiempo que perdimos buscando tan lejos aquello que teníamos tan cerca. Nos dejamos entonces atormentar por el sentimiento de culpa, por los pasos errados, la vana búsqueda y el dolor que causamos.
No debería ser así: aunque el tesoro que anhelas esté enterrado en tu casa, solo lo encontrarás cuando te alejes. Si el hijo pródigo no lo hubiese abandonado todo, su padre jamás lo habría recibido a su vuelta con tan gran regocijo.
Existen en nuestras vidas ciertas cosas marcadas con un sello que reza: "Solo cuando me hayas perdido y recuperado, apreciarás mi valor". De nada sirve intentar acortar este camino.
Cuenta una historia que un viajero fue invitado a visitar el templo zen budista de Guncan-Gima en Japón. Al llegar allí, le sorprendió que la bellísima estructura, situada en medio de un bosque inmenso, estuviera junto a un gigantesco terreno baldío. Cuando le preguntó al encargado por aquel terreno, este le explicó:
—Es el lugar de la próxima construcción. Cada veinte años destruimos este templo que está usted viendo y lo volvemos a construir al lado. De esta forma, los monjes carpinteros, pedreros y arquitectos pueden siempre ejercer sus habilidades y enseñárselas, a través de la práctica, a sus aprendices. También mostramos con ello que nada en la vida es eterno, pues incluso los templos están en un proceso de constante perfeccionamiento.
Al recorrer el camino de los propios sueños, es necesario comprometerse plenamente sin dejar abiertas puertas de escape bajo la excusa de no encontrar exactamente lo buscado, ya que esa duda encierra la derrota. Asumir el sendero, aceptar los errores, reconstruir lo necesario y reconocer las posibilidades del presente aseguran el crecimiento y la mejora hacia el futuro.
El viaje de la vida no es una línea recta, sino un círculo de aprendizaje. 
Muchas veces nos castigamos por los errores del pasado, por los caminos equivocados o por el tiempo que tardamos en reaccionar. 
Sin embargo, este relato nos recuerda que el desvío es, en realidad, parte del destino. No perdimos el tiempo; necesitábamos la distancia para agudizar la vista. 
Así como los monjes destruyeron su templo para mantener vivo su arte, nosotros debemos perder ciertas cosas para aprender a valorarlas, y derribar viejas estructuras para aprender a construirnos mejor.
 El error no es el fin del camino, sino la herramienta con la que esculpimos nuestra propia madurez.

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