
Un homenaje sentido a Aurelio García Cantalapiedra, "Piti": guardián de poetas, mecenas de la cultura y pilar inolvidable de la memoria viva de Torrelavega.
Hay despedidas que trascienden el ámbito familiar para convertirse en un duelo compartido por toda una comunidad. La partida de mi tío y padrino Aurelio ( Piti) no solo deja un vacío inmenso en nuestro corazón, sino también en el mapa cultural y poético de nuestra tierra. Hoy le dedico estas letras en este rincón que guarda su huella, honrando a un hombre cuya generosidad, sensibilidad y amor por las letras iluminaron a generaciones de creadores.
Aurelio García Cantalapiedra, conocido cariñosamente por todos como "Piti", nos ha dejado a los 90 años en su querida Torrelavega. Hoy quiero dedicarle un recuerdo muy especial en este espacio que también guarda una parte fundamental de mi propia historia.
Inseparable amigo de José Hierro desde la juventud, mi tío fue un agitador cultural imprescindible, considerado con justicia un verdadero "patrón de poetas". Su vida estuvo consagrada al amor por la palabra y al impulso incondicional de las artes:
Impulsor editorial y poético: En los años 50 impulsó, junto a Hierro y Víctor F. Corugedo, la colección Tito Hombre, dando voz a figuras como Gerardo Diego y Leopoldo de Luis. Más tarde, junto a Pablo de Heredia, dirigió la Colección Cantalapiedra, publicando a autores fundamentales como Blas de Otero, Carlos Barral, Rafael Montesinos y Claudio Rodríguez.
Alma de la cultura: Estuvo al frente de la mítica revista de poesía Peña Labra y dirigió durante quince años la actividad cultural de la Fundación Santillana en la histórica Torre de Don Borja.
Reconocimiento y legado: Nombrado Cronista Oficial de Torrelavega en 1997 y galardonado con la Medalla de Oro de la ciudad en 2006, su trayectoria fue distinguida con reconocimientos como Montañés del Año y Torrelaveguense Ilustre. Su obra y legado hoy reposan con honor en el Archivo Histórico de la ciudad y en la Biblioteca Nacional de España.
Pero más allá de los títulos, los reconocimientos y el profundo luto oficial de su ciudad, para nosotros fue ante todo un ser humano de valores extraordinarios, cuya calidez humana y serenidad dejaron una marca imborrable en quien tuvo la fortuna de conocerlo.
Cuando alguien muere... también morimos un poco.
Se nos va un fragmento de nuestra propia historia,
y permanece en la memoria la sonrisa serena
de quien solo se ha adelantado unos pasos en el camino.
Cuando alguien se va, quedan en suspenso los abrazos,
las palabras compartidas, las tardes de charla y el café humeante.
Sin embargo, aunque la ausencia duela,
su legado de luz, poesía y afecto seguirá intacto en nuestro recuerdo.
Descansa en paz, tío. Tu luz y tu voz permanecen para siempre en nuestra memoria.





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