Sobre subir, despacio pero sin rendirse, los escalones de la propia vida.
Sube los escalones de tu existencia despacio. Con calma, con cautela, con buena voluntad. Pensando siempre en lo que te espera en lo más alto, aunque hoy solo veas el peldaño que tienes delante.
No cedas ni un segundo al desánimo. No dejes que la indecisión te paralice. Aprende, poco a poco, a superar cada obstáculo que aparezca en el camino.
El mundo pertenece a quienes se atreven a ser optimistas, sinceros, constantes. No a quienes se quedan lamentándose en los primeros escalones, sino a quienes, aun con miedo, siguen subiendo.
Sube siempre con coraje, con firmeza, con la certeza tranquila de que una vida bien vivida merece el esfuerzo. La victoria no es de quien nunca cae, sino de quien se levanta después de cada caída y sigue.
Si alguna vez sientes que no avanzas, no es fracaso: es parte del camino. Lo único que de verdad nos aleja de vencer es dejar de intentarlo.






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