Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Soy tu......

Cuando el ego se disuelve: La casa donde solo cabe el Ser

Existen relatos que condensan en un par de líneas misterios que a la  a la filosofía les toma siglos explicar. Este es el caso de una joya rescatada de la antología tradicional 101 cuentos clásicos de la India. A través de la historia de un discípulo perseverante y un maestro yogui, el relato plantea un dilema existencial: ¿quiénes somos realmente cuando desnudamos nuestra identidad de títulos, posesiones y pretensiones? 


Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.
–¿Quién es? -preguntó el yogui.
–Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
–No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso. Luego, regresa y te daré instrucción.
Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.
Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser. Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.
–¿Quién es? -preguntó el yogui.
–Soy tú -repuso el discípulo.
–Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.
El Maestro dice: Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser. Y en el Ser todos los seres.
A veces, para encontrarnos de verdad, primero tenemos que aprender a soltar la necesidad de demostrar quiénes somos.

Reflexión Final: 

A veces pasamos buena parte de la vida intentando demostrar quiénes somos: lo que sabemos, lo que hemos conseguido, lo que tenemos o lo que creemos que deberíamos llegar a ser. Y, sin darnos cuenta, construimos alrededor de ese «yo» una casa cada vez más grande, llena de etiquetas y expectativas.

Pero quizá el verdadero crecimiento no consiste en añadir más cosas a nuestra identidad, sino en aprender a desprendernos de aquello que ya no necesitamos para sentirnos valiosos.

Cuando dejamos de preguntarnos constantemente ¿quién quiero que los demás crean que soy?, podemos empezar a descubrir ¿quién soy realmente?.

Tal vez ahí comienza una forma diferente de libertad: cuando ya no necesitamos ocupar todo el espacio con nuestro ego y dejamos sitio para escuchar, aprender, comprender y simplemente ser.

Porque algunas puertas no se abren cuando llegamos con todas nuestras certezas, sino cuando somos capaces de dejar algunas de ellas fuera.

 

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