Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La Amistad y sus valores

Los amigos de verdad no necesitan estar siempre cerca para hacernos sentir acompañados.

Hay personas que llegan a nuestra vida casi sin hacer ruido y, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en parte de ella.

La amistad verdadera no consiste solamente en compartir risas, conversaciones o buenos momentos. También está en saber escuchar, respetar, acompañar y permanecer cuando las cosas no son tan fáciles.


Una de las grandes satisfacciones que podemos tener en la vida es saber que contamos con personas que nos quieren de verdad.

Con el paso del tiempo, algunas amistades se fortalecen casi sin darnos cuenta. Compartimos experiencias, aficiones, preocupaciones, alegrías y tristezas, pero sobre todo vamos construyendo algo mucho más importante: confianza.

La amistad verdadera va mucho más allá de pasarlo bien juntos. Se demuestra especialmente cuando llegan los momentos difíciles.

Y para que una amistad pueda crecer y permanecer, hay algunos valores que considero esenciales.

La coherencia

Ser amigo también significa ser una persona auténtica.

No necesitamos comportarnos de una manera con unos y de otra completamente distinta con otros. La confianza nace cuando sentimos que tenemos delante a alguien sincero, alguien que no necesita ponerse una máscara para agradar.

Ser coherentes no significa pensar siempre igual, sino actuar de acuerdo con aquello que creemos y tratar a los demás con respeto.

La flexibilidad

Nadie es igual a nosotros.

Cada persona tiene su manera de pensar, sus gustos, sus costumbres y su propia historia. Una amistad sana no necesita que dos personas sean idénticas, sino que sepan aceptar sus diferencias.

A veces tendremos que ceder, escuchar una opinión distinta, reconocer que podemos estar equivocados o simplemente aceptar que nuestro amigo necesita recorrer un camino diferente al nuestro.

La amistad no debería convertirse en una exigencia de exclusividad.

Querer a alguien también significa dejarle espacio para ser quien es.

La comunicación

No basta con hablar. Hay que saber escuchar.

Una amistad se fortalece cuando podemos decir lo que sentimos sin miedo a ser juzgados, cuando podemos contar nuestras preocupaciones y también compartir nuestras alegrías.

A veces basta un mensaje, una llamada o un sencillo «¿cómo estás?» para recordarle a alguien que seguimos ahí.

Y también es importante estar cuando no hay nada que pedir.

Porque quien solamente aparece cuando necesita algo quizá sea conocido, pero la amistad verdadera se reconoce precisamente en la reciprocidad.

La generosidad

Ser generoso con un amigo no significa solamente ayudarle con algo material.

A veces nuestra mejor ayuda es regalarle tiempo, escucharle sin prisas, acompañarle en silencio, ofrecerle una palabra de ánimo o simplemente estar presentes.

Los verdaderos amigos se alegran de nuestras alegrías sin compararse con nosotros y permanecen cerca cuando llegan los días difíciles.

La generosidad en la amistad nace de manera natural: damos porque nos importa la persona, no porque esperemos recibir algo a cambio.

La lealtad

La confianza puede tardar años en construirse y perderse en un instante.

Por eso la lealtad es uno de los mayores regalos que podemos ofrecer a un amigo.

Guardar una confidencia, no hablar a sus espaldas, respetar sus decisiones y estar a su lado cuando lo necesita son formas de decirle: «Puedes confiar en mí».

Pero ser leal tampoco significa darle siempre la razón.

A veces un verdadero amigo es precisamente quien se atreve a decirnos, con cariño y sinceridad, aquello que quizá no queremos escuchar.

El agradecimiento

Nunca deberíamos dar por hecho a las personas que tenemos a nuestro lado.

Un «gracias», un abrazo, un mensaje inesperado o un pequeño detalle pueden significar mucho más de lo que imaginamos.

Agradecer una amistad es reconocer su valor.

Porque hay personas que, sin darse cuenta, han hecho nuestros días un poquito mejores simplemente por haber estado ahí.

La superación

Los buenos amigos no nos empequeñecen.

Nos animan a crecer, a confiar en nosotros mismos y a descubrir capacidades que quizá todavía no sabemos que tenemos.

Un amigo de verdad no necesita competir contigo. Quiere verte avanzar, aunque tu camino sea diferente al suyo.

Y cuando tropezamos, no siempre nos levanta para que sigamos exactamente por donde íbamos. A veces simplemente se queda a nuestro lado hasta que encontramos fuerzas para levantarnos nosotros mismos.

La amistad, como cualquier vínculo importante, también cambia con los años.

Algunas personas permanecen toda la vida. Otras nos acompañan durante una etapa y después nuestros caminos se separan.

Y eso no significa necesariamente que aquella amistad haya sido menos verdadera.

Hay personas que dejan una huella en nosotros y forman parte de nuestra historia para siempre, aunque ya no estén presentes en nuestro día a día.

Por eso merece la pena cuidar a quienes queremos.

Llamar.

Preguntar.

Escuchar.

Agradecer.

Perdonar cuando sea posible.

Y estar.

Porque al final, la amistad no se construye con grandes promesas, sino con todos esos pequeños gestos que, repetidos a lo largo del tiempo, terminan diciendo algo muy grande:

«Estoy aquí. Puedes contar conmigo».

Reflexión final:

Quizá la verdadera riqueza no esté en tener muchos amigos, sino en poder mirar a nuestro alrededor y reconocer a esas pocas personas con las que podemos ser nosotros mismos.

Cuida a quienes te hacen bien, agradece su presencia y no esperes a perderlos para decirles cuánto significan para ti.

Porque una amistad sincera es uno de esos regalos que la vida nos ofrece sin envolverlo en papel, pero que puede acompañarnos durante muchos años.


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