Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La felicidad

   

 Aprender a reconocerla en las pequeñas cosas

A veces esperamos que todo esté bien para sentirnos felices, sin darnos cuenta de que la felicidad también puede esconderse en las pequeñas cosas de cada día.  Quizá no se trate de tener una vida perfecta, sino de aprender a valorar la vida que tenemos.

La felicidad es un concepto tan difuso como complejo.

Podríamos pensar en ella como una aspiración, como algo que alcanzamos durante un instante y cuya intensidad puede desaparecer poco después. Sin embargo, existe también otra felicidad más sencilla: la de las pequeñas cosas, la de encontrar cierto equilibrio y sentirnos bien con aquello que nos rodea, nos acompaña y forma parte de nuestra vida.

Puede que ser conscientes de esta felicidad humilde sea un regalo que no todos sabemos apreciar.

Y eso nos demuestra algo que quizá ya sabemos, pero que a veces olvidamos:

la felicidad no se compra.

En ocasiones nos preocupamos demasiado por cosas que no tienen verdadera importancia, por situaciones que quizá nunca sucedan o por problemas que, sencillamente, no podemos solucionar.

Todos conocemos a personas que viven anticipándose continuamente a lo que podría pasar:

«Tenemos que hacer esto porque puede suceder aquello».

Son pensamientos que pueden acabar convirtiéndose en una preocupación constante y que no solo nos amargan a nosotros, sino que también terminan afectando a quienes tenemos cerca.

El miedo al fracaso, el miedo a la soledad o la necesidad de tenerlo todo bajo control pueden empujarnos a complicar todavía más nuestra vida cotidiana.

Por eso no debemos obsesionarnos con lo que ocurrirá mañana ni caer en el exceso de pensar cada situación una y otra vez.

Necesitamos equilibrio.

Usar la lógica, sí.

Pero también aprender a confiar.

El arte de no amargarnos la vida comienza cuando comprendemos que es imposible controlar todos los aspectos de nuestra existencia para evitar que sucedan determinadas cosas.

Siempre habrá imprevistos.

Siempre habrá días buenos y días difíciles.

Siempre habrá cosas que escaparán de nuestras manos.

Y eso también forma parte de vivir.

La felicidad no es una meta a la que llegamos después de superar todos nuestros problemas.

Es un estado que podemos cultivar en el día a día.

Está en una conversación agradable, en una taza de café, en una sonrisa, en un paseo, en una persona querida, en contemplar el cielo o simplemente en sentirnos en paz durante unos minutos.

Quizá la verdadera felicidad sea mucho más humilde de lo que imaginamos.

No necesita grandes acontecimientos.

Solo necesita que sepamos detenernos y reconocerla cuando aparece.

Reflexión final

Pasamos buena parte de nuestra vida esperando.

Esperando que llegue algo.

Que cambie algo.

Que desaparezca aquello que nos preocupa.

Y mientras esperamos ese momento perfecto, podemos estar dejando pasar el único momento que realmente tenemos: 

este.

El presente.

La felicidad quizá no consista en tener una vida sin problemas, sino en aprender a disfrutar de la vida que tenemos mientras vamos resolviendo aquello que podamos.

Porque siempre habrá algo pendiente.

Siempre habrá una preocupación.

Siempre habrá un mañana que todavía no conocemos.

Pero también habrá un amanecer, una conversación, una sonrisa, un abrazo, una pequeña alegría escondida en algún rincón del día.

Y quizá solo tengamos que aprender a verla.

No esperes a que la vida sea perfecta para ser feliz.

Empieza por agradecer aquello que hoy sí tienes.

Por disfrutar aquello que hoy sí puedes vivir.

Por soltar aquello que no está en tus manos.

Y por recordar que, muchas veces, la felicidad no llega cuando cambia nuestra vida, sino cuando cambia nuestra manera de mirarla.


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Si estas palabras te han recordado que la felicidad también se encuentra en aprender a vivir el momento presente, quizá quieras leer también Aquí y Ahora, una reflexión sobre detenernos, mirar a nuestro alrededor y descubrir la belleza de las pequeñas cosas.


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