Tú eres el cielo
Hay días en los que nuestra mente se llena de pensamientos, preocupaciones y emociones que parecen ocuparlo todo. Pero, aunque en ese momento resulte difícil verlo, ninguna tormenta dura para siempre. Los pensamientos pasan. Tú permaneces.
A veces hay tormentas. Otras, el cielo está despejado.
Pero hay algo importante: las nubes siempre pasan.
El problema comienza cuando nos subimos a la nube y dejamos que nuestros pensamientos nos lleven lejos del presente, del cuerpo y de nosotros mismos.
Entonces empezamos a vivir en piloto automático, dando vueltas una y otra vez a lo que ocurrió, a lo que podría ocurrir o a aquello que quisiéramos cambiar.
Y cuanto más pensamos, más lejos parece que estamos de la calma.
Volver no siempre significa pensar más. A veces significa todo lo contrario: bajar al cuerpo, sentir los pies sobre el suelo, respirar, tocar tierra y volver al momento presente.
Observar lo que pensamos sin convertirnos en aquello que pensamos.
Porque no eres tus pensamientos.
Un pensamiento puede aparecer y desaparecer. Puede ser luminoso o puede llenarse de miedo. Puede quedarse unos minutos o acompañarte durante horas.
Pero sigue siendo solo una nube atravesando el cielo.
Tú eres el cielo.
Y por muy oscuras que parezcan algunas nubes, ninguna puede ocupar para siempre todo el espacio.
Déjalas pasar.






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