
También necesitamos aprender a reconocer nuestros propios pasos.
Hay esfuerzos que no se ven, batallas que nadie conoce y días en los que seguir adelante ya es, por sí mismo, un logro. Siempre recuerda hacer algunas cosas por ti y para ti. Al final del día, solo tú sabes cuánto has luchado, las veces que has tenido que sacar fuerzas de donde parecía que no quedaban, las preocupaciones que has guardado en silencio y todo aquello que has seguido haciendo a pesar del cansancio.
La mayor parte del esfuerzo ocurre lejos de las miradas de los demás.
No siempre habrá alguien que lo vea, que lo comprenda o que te diga: lo estás haciendo bien.
Por eso, aprende también a reconocer tus propios pasos.
No necesitas que todo el mundo aplauda lo que haces para darle valor.
A veces, el aplauso que más necesitamos es el que aprendemos a darnos nosotros mismos.





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