Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El arte de confiar en el tiempo

Nankurunaisa: aprender a confiar cuando todavía no conocemos el final

Hay momentos en los que queremos respuestas inmediatas y soluciones para todo. Pero quizá algunas cosas necesiten simplemente tiempo. Tiempo para comprender, para sanar, para cambiar de rumbo y para descubrir que aquello que hoy parece imposible también puede transformarse.


Hay días en los que el pecho se siente un poco más pesado.

Días en los que los planes se desarman, las respuestas no llegan y la incertidumbre consigue robarnos la calma.

Queremos saber qué va a pasar, cuándo terminará aquello que nos preocupa y qué camino debemos tomar. Intentamos controlar lo que no está en nuestras manos y, cuanto más lo intentamos, más cansados terminamos.

Fue en uno de esos momentos cuando descubrí una palabra que me hizo detenerme:

Nankurunaisa.

Una expresión de Okinawa que suele relacionarse con la idea de confiar en que, con el paso del tiempo, las cosas pueden encontrar su lugar.

Y quizá eso sea precisamente lo que necesitamos recordar algunas veces.

No todo tiene que resolverse hoy.

No todas las heridas tienen que estar cerradas mañana.

No necesitamos conocer ahora mismo el camino completo.

Hay cosas que solo podemos comprender después de haberlas vivido.

El tiempo no puede cambiar lo que ocurrió, pero puede cambiar la manera en que lo miramos. Puede suavizar aquello que un día dolió demasiado y ayudarnos a descubrir aprendizajes donde antes solo veíamos tristeza.

Por eso, cuando la vida se vuelva incierta, quizá podamos dejar de exigirnos tantas respuestas.

Respirar.

Hacer lo que esté en nuestras manos.

Dar un paso, aunque sea pequeño.

Y dejar que el tiempo haga su parte.

Porque confiar en el tiempo no significa quedarse esperando sin hacer nada. Significa hacer hoy lo que podemos y aceptar que hay cosas que necesitan su propio momento para suceder.

Quizá ahora mismo no puedas ver la salida.

Quizá todavía no entiendas por qué algunas cosas tuvieron que ocurrir.

No pasa nada.

No necesitas tener todas las respuestas para seguir caminando.

A veces basta con confiar un poco más en la vida y un poco más en ti.

Y cuando llegue uno de esos días en los que sientas que todo pesa demasiado, recuerda las tormentas que ya atravesaste.

Hubo momentos en los que también pensaste que no podrías.

Y aquí estás.

Tal vez esa sea una de las mayores lecciones que nos regala el tiempo: nada permanece exactamente igual para siempre.

El dolor cambia.

Las circunstancias cambian.

Nosotros también cambiamos.

Y un día, casi sin darnos cuenta, aquello que parecía imposible de soportar ya no duele de la misma manera.

Así que hoy no te pido que tengas todas las respuestas.

Solo que respires, que seas paciente contigo y que sigas dando pequeños pasos.

Haz lo que puedas con lo que tienes.

Y lo demás...

Déjalo caminar al ritmo del tiempo.

Reflexión final

A veces, el acto de amor más grande que podemos ofrecernos es dejar de exigirnos sanar deprisa.

No somos máquinas. Somos personas aprendiendo, cayendo, levantándonos y volviendo a empezar.

Así que afloja un poco los hombros.

Suelta aquello que hoy no puedes resolver.

Descansa si lo necesitas.

Y confía.

Tarde o temprano, de una forma que quizá hoy ni imaginas, la calma volverá a encontrar su camino.

Nankurunaisa.


Detrás de la imagen:

Una mujer contempla en silencio la inmensidad de un lago, bajo un cielo gris que parece no querer abrirse.

A lo lejos, un pequeño bote permanece sobre el agua, como esos momentos en los que también nosotros podemos sentirnos perdidos, sin saber hacia dónde remar.

Pero basta con mirar un poco más cerca.

Entre las rocas, junto al lugar donde está sentada, unas delicadas flores azules han encontrado la manera de crecer.

Y quizá ahí esté el verdadero sentido de Nankurunaisa.

No esperar a que el cielo se vuelva azul de inmediato.
No pensar que las tormentas desaparecerán de un día para otro.

Sino recordar que, incluso bajo un cielo gris y en los terrenos más difíciles, la vida siempre puede encontrar un pequeño lugar por donde volver a florecer.

Solo necesita tiempo.

Y quizá también un poco de nuestra confianza. 




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