
A veces salir del círculo no consiste en escapar de él, sino en recordar que todavía existe un horizonte más allá de sus límites.
Hay días en los que siento que mi vida gira dentro de un círculo.
Un círculo de cansancio, de preocupaciones, de citas médicas, de síntomas que aparecen cuando menos los espero.
Un círculo que comienza con una bajada de tensión, continúa con el mareo, sigue con el agotamiento y termina con una mente que no deja de dar vueltas a las mismas preguntas.
Acudes a las citas con los especialistas y terminan diciéndote esto es como un círculo.
¿Por qué?, ¿Hasta cuándo?, ¿Y si mañana es igual?
A veces pienso que salir del círculo significaría despertar una mañana y descubrir que todo ha desaparecido.
Que el cuerpo vuelve a obedecer, que la energía regresa, que los problemas encuentran solución.
Pero la vida, con el tiempo, me ha enseñado algo distinto. Hay círculos de los que no se sale de golpe.
No se rompen con una decisión. No desaparecen porque lo deseemos con todas nuestras fuerzas.
Algunos solo nos permiten avanzar despacio. Tan despacio que, durante un tiempo, damos vueltas y vueltas dentro del mismo circulo. Y que nada tiene solución.
Y sin embargo, no es verdad. Porque incluso dentro del círculo seguimos aprendiendo. Seguimos creciendo. Seguimos encontrando pequeñas razones para continuar.
El otro día, por ejemplo, después de una tarde difícil, de médicos y pruebas, encontré refugio en una imagen.
Una cabaña junto a un lago, un sillón frente al agua, una taza de té caliente, flores azules balanceándose con la brisa.
Nada de aquello solucionaba mis problemas. Y, sin embargo, por unos minutos, mi mente dejó de girar.
Respiré....
Y comprendí algo.
Quizá salir del círculo no siempre significa escapar de aquello que nos duele. Quizá significa recordar que somos más grandes que aquello que nos preocupa.
Porque la enfermedad es parte de mi vida. Pero no es toda mi vida.
El cansancio es real. Pero no define todo lo que soy.
Los días difíciles existen. Pero también existen las palabras, la música, las personas que permanecen, las pequeñas alegrías y los momentos de paz.
Y cada vez que vuelvo a ellas, aunque solo sea por un instante, siento que una pequeña grieta se abre en el círculo.
Por allí entra la luz, por allí entra el aire, por allí vuelve la esperanza.
Quizá mañana los problemas sigan ahí. Quizá el camino continúe siendo complicado.
Pero hoy he recordado algo importante.
A veces basta con abrir una ventana.
Respirar,
Porque incluso dentro de los círculos más difíciles, el alma siempre encuentra la forma de avanzar.
Detrás de la imagen:
Hay momentos en los que creemos estar atrapados dentro de nuestros propios límites, dando vueltas una y otra vez a las mismas preocupaciones, los mismos miedos o las mismas preguntas.
Esta imagen no habla de romper los muros, sino de descubrir una ventana. Una pequeña abertura por la que entra la luz cuando más la necesitamos.
A veces no podemos cambiar aquello que nos rodea de inmediato, pero sí podemos abrir un espacio para la esperanza, la calma y la posibilidad de seguir avanzando.
Porque incluso dentro de los círculos más difíciles, siempre existe una ventana esperando ser abierta.





2 comentarios:
Muy motivador Náyade,.
Gracias por tu aportación tan personal. 🌈
¡Muchas gracias a ti por leer y por dejar tu comentario! Me alegra muchísimo saber que mis palabras te han motivado. Para mí es muy importante abrirme y compartir estas experiencias tan personales con ustedes. Me hace muy feliz saber que ha resonado contigo. ¿Hubo alguna parte en especial del artículo que te tocara más de cerca? ¡Un abrazo grande!
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