
Encuentra belleza en esa imperfección, sencillez y transformación.
Hace unos días descubrí una palabra japonesa que no conocía: wabi-sabi. Y cuanto más pensaba en su significado, más comprendía que quizá la vida también está llena de belleza en aquellos lugares que nosotros llamamos imperfecciones.
Habla de encontrar belleza en lo imperfecto, en lo sencillo, en aquello que lleva las huellas del tiempo. En una taza que ya no está intacta, en una madera marcada por los años, en una flor que empieza a perder sus pétalos.
Y pensé que quizá nosotros también somos un poco así.
Pasamos buena parte de nuestra vida intentando esconder nuestras grietas.
Queremos que no se noten los años, las heridas, los cambios, las cosas que ya no podemos hacer como antes. Miramos aquello que hemos perdido y nos cuesta reconocer a la persona que vemos delante del espejo.
Como si todo lo que se ha roto o cambiado nos hiciera menos valiosos.
Pero quizá no sea así.
Quizá nuestras grietas también cuentan nuestra historia.
Hablan de las veces que caímos y volvimos a levantarnos. De aquello que tuvimos que aprender a soltar. De los días difíciles que conseguimos atravesar. De las personas que amamos y de las huellas que dejaron en nosotros.
Una taza nueva puede ser perfecta.
Pero una taza que ha sobrevivido muchos años tiene algo que la nueva todavía no puede tener: una historia.
Y tal vez nosotros tampoco tengamos que volver a ser quienes éramos antes.
Tal vez podamos aprender a querer a quienes somos ahora.
Con nuestras limitaciones.
Con nuestros cambios.
Con los días buenos y con esos otros en los que simplemente levantarnos ya es suficiente.
No todo lo que cambia pierde su belleza.
No todo lo que se rompe deja de tener valor.
Y quizá aceptar nuestras propias grietas no significa rendirse.
Significa dejar de luchar contra aquello que ya forma parte de nuestra historia y empezar a mirarlo con un poco más de ternura.
Porque la vida no siempre nos deja intactos.
Pero eso no significa que nos deje sin belleza.
A veces, precisamente en las grietas por donde pensábamos que solo entraba dolor, termina entrando una luz que antes no sabíamos ver.





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