Hay cosas que no deberíamos dejar para mañana, porque quizá el mejor momento para decir, hacer o sentir algo sea precisamente hoy.
A veces vivimos esperando. Esperamos el momento adecuado para decir lo que sentimos, para llamar a alguien, para pedir perdón, para dar un abrazo… Y mientras esperamos que llegue ese momento perfecto, los días siguen pasando. Quizá la vida nos esté invitando a dejar de esperar y a empezar a vivir un poco más aquí y ahora.
No esperes a echar de menos a alguien para decirle cuánto significa para ti.
No esperes a perder una amistad para recordar todo lo que habéis compartido.
No esperes a una despedida para dar las gracias.
No esperes a estar seguro de que la otra persona siente lo mismo para decirle lo que llevas dentro.
Y no esperes a tener una vida perfecta para empezar a disfrutar de la que tienes.
Porque la vida real no suele llegar envuelta en el momento perfecto.
Hay días buenos y días difíciles.
Hay encuentros y despedidas.
Hay personas que se quedan y otras que, por diferentes motivos, terminan alejándose.
Hay oportunidades que llegan cuando menos las esperamos y otras que quizá no vuelvan.
Por eso me gusta pensar que algunas cosas sencillas merecen hacerse hoy.
Llamar a ese amigo.
Dar un abrazo.
Decir «perdóname».
Decir «gracias».
Decir «te quiero».
Ayudar cuando podamos.
Escuchar cuando alguien necesite ser escuchado.
Sonreírle a alguien que quizá esté teniendo un día difícil.
Y también aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas que muchas veces pasamos por alto: una conversación tranquila, una taza de café, una canción, una tarde de lluvia, una ventana abierta, una persona querida sentada a nuestro lado.
No hace falta esperar a que todo sea perfecto.
Tampoco necesitamos tener mucho para poder dar.
A veces podemos ofrecer algo tan sencillo como nuestro tiempo, nuestra atención o una palabra amable.
Y quizá una de las cosas más importantes sea dejar de esperar siempre algo de los demás.
Si queremos acercarnos, acerquémonos.
Si queremos pedir perdón, hagámoslo.
Si queremos decir algo bonito, digámoslo.
Si necesitamos un abrazo, quizá también podamos ser nosotros quienes lo demos primero.
No sabemos cuánto tiempo tenemos para compartir determinadas cosas con determinadas personas.
Y no digo esto para vivir con miedo, sino para aprender a vivir con un poco más de presencia.
Porque el presente no es una sala de espera.
Es nuestra vida ocurriendo ahora mismo.
Así que quizá hoy sea un buen día para dejar de aplazar aquello que realmente importa.
Para querer un poco más.
Para perdonar cuando podamos.
Para agradecer.
Para cuidar.
Para decir esas palabras que llevamos demasiado tiempo guardando.
Porque mañana llegará cuando tenga que llegar.
Pero hoy está aquí.
Y quizá lo más bonito que podamos hacer con él sea no dejarlo pasar esperando a que llegue un momento mejor.
La vida no siempre nos avisa de cuándo es la última oportunidad.
Por eso, mientras podamos…no esperemos.





No hay comentarios:
Publicar un comentario