Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Estar enamorado es..

Quizá estar enamorado no sea encontrar a alguien perfecto, sino descubrir a alguien con quien la vida parece tener un poco más de sentido.

Hay momentos en los que alguien llega a nuestra vida y, sin saber muy bien cómo, empieza a cambiar nuestra manera de mirar las cosas. Los días siguen teniendo problemas, las dudas continúan ahí y nosotros seguimos siendo los mismos… pero algo ha cambiado por dentro.


Estar enamorado quizá sea precisamente eso: sentir que el mundo, sin haber cambiado, de pronto se mira de otra manera.

Estar enamorado es pensar en alguien y sonreír sin darte cuenta.

Es querer contarle las cosas pequeñas, incluso esas que para los demás no tienen ninguna importancia. Lo que has visto por la ventana, una canción que has escuchado, algo que te ha hecho gracia o ese pensamiento que apareció de repente mientras estabas haciendo cualquier cosa.

Es sentir que alguien te escucha de verdad.

Y no hablo solamente de escuchar las palabras. Hablo de esa otra forma de escuchar que consiste en conocer nuestros silencios, notar cuándo algo no va bien aunque digamos que sí, y saber cuándo necesitamos un abrazo sin tener que pedirlo.

Estar enamorado también es descubrir que podemos ser nosotros mismos delante de otra persona. Sin tener que aparentar que todo está bien. Sin esconder nuestros miedos ni nuestras pequeñas inseguridades.

Porque cuando queremos de verdad, no necesitamos convertirnos en alguien distinto para que nos quieran.

Y también está esa parte difícil que nadie nos cuenta cuando habla del amor.

El miedo a perder.

La distancia.

Las dudas.

Los días en los que no entendemos al otro.

Las diferencias que nos obligan a aprender que amar no significa pensar igual, sino respetar que cada persona tiene su propia manera de sentir y de vivir.

Porque el amor no debería ser una jaula.

No consiste en poseer a alguien, sino en caminar a su lado.

En poder decir «quédate» sin convertirlo en una obligación.

En saber que una persona puede elegir estar contigo cada día y que precisamente ahí está una de las formas más bonitas de libertad.

Estar enamorado es descubrir que la felicidad muchas veces vive en cosas muy sencillas.

Una mirada.

Una mano que busca la nuestra.

Una conversación hasta tarde.

Una taza de café compartida.

Una risa inesperada.

Un «¿has llegado bien?».

Un «te estaba esperando».

Y quizá, con el tiempo, descubrimos que no necesitamos grandes declaraciones para saber que alguien nos quiere. Hay personas que escriben el amor en los pequeños gestos de cada día.

También creo que estar enamorado es aprender a mirar al otro sin olvidar quiénes somos nosotros.

Porque querer a alguien no significa dejar de querernos.

Al contrario.

El amor que merece la pena no nos hace más pequeños. Nos permite crecer, respirar, equivocarnos, aprender y seguir siendo nosotros mismos.

Y quizá sea por eso que cuando estamos enamorados hasta las cosas más normales parecen tener algo especial.

Una tarde cualquiera.

La lluvia contra los cristales.

Una canción.

El olor de una flor.

Una mirada al cielo.

El silencio compartido.

Como si durante un instante la vida nos dijera, muy bajito: Mira… esto también es felicidad.

No sé si estar enamorado consiste en encontrar el nombre de la vida, como dice el hermoso poema que inspiró estas palabras.

Quizá consista simplemente en algo mucho más sencillo:

en encontrar a alguien con quien podamos compartirla.

Con sus días luminosos y sus noches difíciles.

Con sus risas y sus lágrimas.

Con todo aquello que somos y todo aquello que todavía estamos aprendiendo a ser.

Porque al final, amar de verdad quizá sea eso:

tener a alguien a quien mirar y sentir que, incluso en medio de todas las cosas que no entendemos de la vida, hay una parte de ella que merece la pena vivir juntos.

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