Un viaje de luz, amor y aprendizaje
A veces sentimos que la vida es un viaje en el que vamos aprendiendo mientras avanzamos, sin saber exactamente hacia dónde nos lleva el camino. Esta pequeña historia habla del alma, de sus vuelos, sus heridas, sus búsquedas y de esa capacidad que todos tenemos para transformar el dolor en aprendizaje y el amor en luz.
Quizá todos llevamos dentro unas alas que solo necesitamos recordar cómo abrir.
Al llegar a este mundo me dijeron:
—Todo es un sueño. Vuela, vuela… ¡anda, ve a volar! Eres un ave de paso, tan solo un instante aquí, en este mundo. Después volverás.
Y entonces comencé a volar.
Volé por este mundo tan real, pero sin olvidar aquellas palabras: «Todo es un sueño».
A veces no entendía nada. No sabía si estaba navegando o volando. Solo sabía que era un ave en vuelo.
Cuando duermo, vivo. Cuando vivo, sueño. Y en medio de todo aquello apareció un deseo: despertar, vivir, sentir y amar plenamente.
Mientras seguía volando, encontré suaves cantos que envolvían mis lágrimas y una brisa que acariciaba mis plumas. Porque cuando un ave vuela, a veces también llora, sufre y siente dolor.
Sin embargo, un ave en vuelo sabe transformar las lágrimas en luz, el dolor en alegría y el sufrimiento en aprendizaje.
Soy un ave de luz y extiendo mis alas.
Son grandes, suaves, radiantes, bellas…
No soy de aquí. No puedes imaginar el tamaño de mis alas.
Cuando las agito, siento que puedo tocar los corazones que encuentro allá abajo. Porque mis alas tienen un don: mover amor.
Y veo que algunos seres no saben qué hacer con su corazón cuando sienten que necesitan amor.
Así que sigo volando.
No siempre entiendo este mundo, pero extiendo mis alas con cariño, tocando las nubes y tratando de sentir solamente amor.
Allá abajo sigo buscando, llamando, esperando.
Miro más allá del sol y busco mi hogar.
Vuelo una cima y después otra, siempre con ese deseo de llegar algún día a ese lugar donde todo está en calma, donde solo existe el amor.
Hogar.
Entonces recojo mis alas, desciendo y me detengo.
Quizá un beso del alma haya tocado mi luz.
Y despierto.
El sueño, el vuelo, todo parece desvanecerse.
Entonces descubro mis plumas azules.
Así llegué a este mundo.
Y si alguna vez recuerdas que también tienes alas azules, abre las tuyas y dirige tu vuelo.
Sigamos juntos este viaje.
Porque allá abajo hay corazones que necesitan paz, personas que necesitan amor y almas que quizá han olvidado que también pueden volar.
Yo intentaré mover mis alas para llevar un poco de paz y amor.
Y tú, conmigo, puedes ayudar a multiplicarlos.
Reflexión final:
Quizá nuestras alas no sean visibles, pero están en todo aquello que somos capaces de hacer por los demás: una palabra que consuela, un abrazo que acompaña, una sonrisa que devuelve esperanza o un gesto de amor cuando alguien más lo necesita.
No podemos evitar todas las tormentas de la vida, pero sí podemos aprender a atravesarlas sin dejar de amar.
Y quizá ese sea nuestro verdadero vuelo: seguir avanzando, incluso después de haber llorado, llevando un poco de luz allí donde haga falta.





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