A veces crecer también significa echar raíces
Esperamos resultados, cambios, respuestas… y cuando no llegan, pensamos que estamos perdiendo el tiempo. Pero quizá, aunque todavía no podamos verlo, algo esté creciendo dentro de nosotros. Esta historia nos recuerda que algunas cosas necesitan tiempo antes de poder florecer.
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha necesita una buena semilla, un suelo adecuado y cuidados constantes. Quien cultiva la tierra sabe que no puede impacientarse frente a una semilla recién plantada ni exigirle que crezca de un día para otro.
Hay algo muy curioso que se cuenta sobre el bambú japonés y que lo convierte en una buena metáfora de la paciencia.
Siembras la semilla, la abonas y la riegas con constancia.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. Pasa el tiempo y seguimos sin ver resultados. Incluso pueden pasar años sin que aparezca nada sobre la tierra.
Un cultivador inexperto podría llegar a pensar que la semilla no sirve, que nunca crecerá.
Sin embargo, bajo la tierra está ocurriendo algo que no podemos ver: las raíces se están desarrollando y extendiendo, preparando a la planta para sostener su crecimiento.
Y cuando finalmente llega el momento, el bambú puede crecer con una rapidez sorprendente.
¿Significa eso que creció de repente?
No.
Todo el tiempo anterior también formaba parte de su crecimiento.
Algo parecido nos ocurre muchas veces en la vida.
Queremos soluciones rápidas, resultados inmediatos y respuestas que lleguen cuando nosotros las necesitamos. Y cuando nada parece cambiar, podemos pensar que nuestros esfuerzos no sirven para nada.
Pero quizá estamos haciendo justamente lo que necesitamos hacer: echar raíces.
Hay momentos en los que no vemos avances, pero estamos aprendiendo, madurando, adquiriendo experiencia y fortaleciendo aquello que algún día nos permitirá sostener lo que deseamos alcanzar.
Por eso, cuando atravieses una etapa en la que parezca que nada sucede, no tengas tanta prisa por pensar que has fracasado.
Sigue cuidando aquello en lo que crees.
Sigue avanzando, aunque sea despacio.
Sigue confiando, aunque todavía no puedas ver los resultados.
Porque quizá no estés detenido.
Quizá simplemente estés echando raíces.
Reflexión final:
A veces confundimos la falta de resultados con la falta de avance. Queremos ver crecer aquello por lo que estamos luchando, sin darnos cuenta de que hay procesos que necesitan tiempo y que muchas veces lo más importante sucede en silencio.
Quizá hoy no puedas ver cuánto has crecido, pero eso no significa que no lo estés haciendo.
Ten paciencia contigo, sigue cuidando tus sueños y no abandones solo porque todavía no veas los frutos.
Puede que este no sea un tiempo de florecer, sino de echar raíces.





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