No se trata de estar feliz todo el tiempo, sino de aprender a encontrar un poco de paz incluso en los días difíciles.
Anuncia tu verdad de una manera serena y clara, escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante, también ellos tienen su propia historia.
Esquiva a las personas ruidosas y agresivas que son un fastidio para el espíritu.
Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado, pues siempre habrá personas mas grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros lo mismo que de tus planes; mantén el interés en tu propio trabajo, por humilde que sea, el es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.
Se cauto en tus negocios, pues el mundo esta lleno de engaños, mas no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe.
Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales, y dondequiera que vayas la vida esta llena de heroísmo.
Se tu mismo, en especial no finjas el afecto y no seas cínico en el amor, pues en medio de todas las arideces y desengaños, el es perenne como la hierba.
Acata dócilmente el consejo de los años y abandona con donaire las cosas de la juventud.
Cultiva la firmeza del espíritu, para que te proteja en las adversidades repentinas, no te angusties con imaginaciones, muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Sobre una sana disciplina, se benigno contigo mismo.
Tu eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas, tienes derecho a existir! y sea que te resulte claro o no, indudablemente, el universo marcha como debiera.
Por eso debes de estar en paz con Dios cualquiera que sea la idea que tengas de el y sean cuales fueren tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.
Aun con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso.
Anímate, y esfuérzate por ser feliz.
A veces la vida corre demasiado deprisa y nosotros corremos detrás de ella intentando llegar a todo.
Quizá por eso necesitamos, de vez en cuando, detenernos.
Buscar un poco de silencio entre tanto ruido. Respirar. Mirar a nuestro alrededor y recordar que no todo tiene que resolverse hoy.
Cuida, en la medida de lo posible, las relaciones con las personas que forman parte de tu vida. Habla con sinceridad, pero también con calma. Escucha, incluso cuando no estés de acuerdo, porque cada persona lleva consigo una historia que no siempre conocemos.
Y aléjate, cuando puedas, de aquello que te roba la tranquilidad.
No necesitas entrar en todas las discusiones ni responder a todas las palabras.
Tampoco necesitas compararte continuamente con los demás.
Siempre habrá alguien que tenga más, que sepa más, que llegue antes o que parezca tener una vida más fácil.
Pero esa comparación no cuenta tu historia.
Mira la tuya.
Valora lo que has conseguido, incluso aquello que quizá para otros parezca pequeño. Disfruta de tus proyectos, de lo que estás construyendo y también de esos momentos en los que simplemente estás viviendo.
La vida cambia constantemente. A veces nos sorprende para bien y otras nos obliga a empezar de nuevo.
No dejes que las decepciones te hagan desconfiar de todo lo bueno que todavía existe.
Hay personas generosas.
Hay gestos que no esperamos.
Hay cariño.
Hay belleza.
Y también hay mucho más amor del que a veces alcanzamos a ver.
Sé tú mismo.
No necesitas fingir afectos, aparentar una felicidad que no sientes ni convertirte en alguien diferente para ser querido.
Aprende también a aceptar el paso del tiempo.
No podemos quedarnos para siempre en ninguna etapa de nuestra vida. Algunas cosas se van, otras cambian y otras llegan cuando ya pensábamos que no llegarían.
Déjalas ir cuando corresponda.
Y sé amable contigo.
Habrá días en los que tendrás fuerza para todo y otros en los que apenas podrás con lo necesario. No por eso vales menos.
No te llenes de preocupaciones que todavía no existen.
Cuántas veces hemos sufrido por cosas que después nunca llegaron a suceder.
La vida ya trae suficientes dificultades como para añadirle nosotros unas cuantas imaginarias.
Recuerda que formas parte de este mundo, aunque a veces no sepas muy bien cuál es tu lugar en él.
No necesitas tener todas las respuestas para merecer estar aquí.
Busca tu propia paz, sea cual sea la manera en que tú la encuentres.
Y cuando la vida se ponga difícil —porque también habrá días así—, intenta no olvidar todo lo que sigue siendo hermoso.
Una conversación.
Una mirada.
Una canción.
Un amanecer.
Una persona que nos quiere.
Una taza caliente entre las manos.
Pequeñas cosas que quizá no solucionen nuestros problemas, pero que nos recuerdan que la vida no está hecha solamente de ellos.
No todo saldrá como habíamos imaginado.
Habrá planes que se queden a medias, despedidas que duelan y caminos que tendremos que cambiar.
Y aun así, la vida seguirá teniendo momentos que merecen ser vividos.
Así que, cuando puedas, anímate.
No porque tengas que estar feliz todo el tiempo.
Sino porque, incluso después de los días difíciles, todavía merece la pena abrir la ventana, respirar hondo y seguir caminando.
A tu manera.
A tu ritmo.
Sin olvidar que esta vida, con todo lo que trae, sigue siendo un lugar hermoso para estar.






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