Cuando dejamos de buscar fuera lo que siempre estuvo dentro
Hay preguntas que no encuentran respuesta cuando buscamos desesperadamente fuera de nosotros. A veces necesitamos hacer silencio, dejar a un lado aquello que creemos ser y escuchar lo que permanece cuando todo lo demás desaparece.
—Usted me dijo una vez que nosotros somos lo mismo, que somos iguales. No puedo creerlo. Y si no le creo, ¿de qué me sirve su afirmación?
—Su incredulidad no importa. Mis palabras son verdaderas y harán su tarea. Esa es la belleza de la compañía noble.
—¿Simplemente sentarse cerca de usted puede considerarse una práctica espiritual?
—Sí. El río de la vida está fluyendo. Una parte de sus aguas está aquí, pero mucha ya ha alcanzado su destino. Usted solo conoce el presente. Yo puedo ver mucho más lejos: hacia el pasado y hacia el futuro, hacia lo que usted es y hacia lo que puede llegar a ser.
»Por eso no puedo verle como alguien diferente de mí. En la verdadera naturaleza del amor no hay separación.
—¿Cómo puedo llegar a verme a mí mismo como usted me ve?
—Basta con que deje de imaginar que usted es únicamente el cuerpo. Esa idea, «yo soy el cuerpo», puede cegarlo por completo ante su verdadera naturaleza.
»No se limite a un nombre ni a una forma. Cuando dejamos de aferrarnos a lo que creemos ser, algo comienza a revelarse.
»En la oscuridad y en el silencio, la realidad puede ser encontrada.
»Ni el placer ni el dolor iluminan por sí mismos. La comprensión es la que ilumina.
»El placer puede adormecernos; el sufrimiento puede despertarnos.
»Si no quiere sufrir, no se quede dormido.
Cuento de Sri Nisargadatta Maharaj
Reflexión final:
Quizá pasamos demasiado tiempo intentando descubrir quiénes somos a través de lo que tenemos, de lo que hacemos o de la imagen que los demás tienen de nosotros.
Y, sin embargo, cuando todo ese ruido desaparece, queda algo que no necesita nombre ni explicación.
Tal vez conocernos de verdad no consiste en encontrar una nueva respuesta, sino en aprender a escuchar en silencio aquello que siempre estuvo dentro de nosotros.
Porque a veces no necesitamos buscar más lejos.
Necesitamos simplemente detenernos.
Y escuchar.






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