Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El silencio de la noche

Hay noches en las que el silencio consigue sacar a la luz todo aquello que durante el día intentamos guardar.

A veces, cuando todo se queda en silencio, aparecen recuerdos y emociones que durante el día conseguimos mantener escondidos.

Ahora, en el silencio de la noche, vuelvo a encontrarme con mi pasado.

No puedo evitar pensar.

Y vuelvo a encender ese viejo quinqué de las emociones, dejando que aparezcan recuerdos que durante el día consigo mantener un poco más lejos.

Algunos llegan tranquilos.

Otros vienen mezclados con lágrimas.

Pienso en las personas que se fueron, en las cosas que cambiaron y en todo lo que, igual que llegó un día, terminó desapareciendo de mi vida sin que yo pudiera hacer demasiado por evitarlo.

O quizá sí podía.

Quién sabe.

Esta noche dejó caer el caparazón que utilizó tantas veces durante el día.

Me miro al espejo y encuentro en mis propios ojos una tristeza que no siempre quiero reconocer.

Y entonces dejo que salga.

Porque también necesitamos esos momentos en los que no tenemos que aparentar que todo está bien.

Momentos para sentir.

Para llorar si hace falta.

Para reconocer que estamos cansados, que hay heridas que todavía duelen y que algunas preguntas siguen sin respuesta.

A veces mi cabeza se llena de recuerdos y comienzo a repasar mis errores.

Las cosas que hice mal.

Las palabras que quizá hicieron daño.

Las decisiones que hoy tomaría de otra manera.

Y aparece esa voz que pregunta:

¿Qué has hecho?

Durante mucho tiempo pensé que tenía que encontrar una respuesta para cada uno de mis errores. Como si mirar una y otra vez hacia atrás pudiera cambiar lo que ya ocurrió.

Pero no puedo volver atrás.

Y quizá tampoco necesito hacerlo.

Todos llevamos una historia a nuestras espaldas.

Una historia hecha de aciertos y equivocaciones, de personas a las que quisimos bien y de otras a las que quizá no supimos querer como necesitaban.

Eso también forma parte de nosotros.

Lo importante es qué hacemos con todo lo vivido.

Hay noches en las que me pregunto qué puedo ofrecer todavía a las personas que quiero.

A mi hijo a mi marido.

A mis amigos.

A quienes han compartido conmigo tantos momentos.

Y algunas veces no encuentro ninguna respuesta.

O quizá la respuesta sea más sencilla de lo que creo.

Estar.

Escuchar.

Decir «te quiero».

Pedir perdón cuando sea necesario.

Aceptar un abrazo.

Dejar que alguien nos cuide también.

Porque no siempre tenemos que ser nosotros quienes sostengamos a los demás.

También podemos dejarnos sostener.

Sigo viajando por ese extraño paisaje de los sentimientos, intentando entender qué necesito y hacia dónde quiero ir.

Hay días en los que me siento vacía.

Otros en los que simplemente estoy cansada de caminar por los mismos lugares de siempre y deseo encontrar algo nuevo que me despierte por dentro.

Y quizá eso no sea rendirse.

Quizá sea necesitar un cambio.

Una ventana diferente.

Otro paisaje.

Una manera distinta de mirar la vida.

Esta noche no tengo respuestas.

Tampoco sé qué traerá mañana.

Pero quizá no necesito saberlo.

Quizá mañana vuelva a subirme a la ola.

O quizá simplemente deje que me lleve un rato, sin luchar contra ella y sin exigirle que me lleve a ninguna parte.

Por ahora, me basta con quedarme aquí.

En silencio.

Respirando.

Y recordándome que incluso las noches más largas terminan encontrándose con la mañana.

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