
Sobre vivir con intensidad y entender las tormentas como parte del crecimiento.
Disfruta de la risa, acaricia una estrella.
Sonríe hoy y brilla en todos tus mañanas.
Abre el corazón a los extraños;
el destino te tiene reservados nuevos amigos.
Aventúrate,
conquista lo inconquistable.
Mira allí donde los demás no quieren mirar,
y cuestiona todo lo cuestionable.
Recuerda que la felicidad es el
hogar que construimos en nuestro interior.
Expresa lo que piensas con dulzura.
Escucha una sinfonía en el silencio.
Abre tu corazón...
Desafía el mañana y atesora el pasado.
Toma todo lo que puedas de esta hermosa creación
llamada
¡Vida!
La vida es un jardín:
lo que siembres en ella, eso te devolverá.
Así que elige buenas semillas,
riégalas.
Y, con seguridad,
tendrás las flores más bellas.
No tomes las tormentas como castigos.
Piensa que los vientos fuertes harán
que tus raíces se hagan más profundas,
para que tu rosal resista mejor
lo que habrá de venir.
Sonríe.
Abre tus ramas agradecidas hacia el sol
y siente la suave brisa.
Cuando tus hojas caigan,
no te lamentes.
Serán tu propio abono.
Reverdecerás y tendrás flores nuevas.
Detrás de la imagen:
En esta imagen, nada se pierde. Las hojas que caen del rosal no desaparecen: se transforman en luz, y esa misma luz viaja hasta el otro extremo del camino para dar vida a una rosa nueva.
Así son también los ciclos de la vida. Lo que hoy sentimos como pérdida —una etapa que termina, una fuerza que se va— puede convertirse, con el tiempo, en el alimento silencioso de algo nuevo que aún no vemos florecer.
El camino sigue abierto al fondo, y las siluetas que caminan por él nos recuerdan que la vida continúa, aunque cambie de forma.





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