Hay momentos en los que solo necesitamos que alguien nos recuerde que todavía podemos.
Hay días en los que despertamos y sentimos que las fuerzas se han quedado escondidas en algún rincón de nosotros.
Miramos hacia delante y el camino parece demasiado largo. El cansancio pesa, las dudas aparecen y hasta aquello que otros días hacíamos sin pensar puede convertirse en un esfuerzo enorme.
En esos momentos no necesitamos que nadie nos diga que debemos ser fuertes.
A veces necesitamos algo mucho más sencillo: que alguien se quede a nuestro lado.
Que nos recuerde que no pasa nada por detenerse. Que descansar no significa rendirse. Que podemos llorar, sentir miedo o reconocer que hoy no podemos con todo.
Y, cuando llegue el momento, quizá esa persona nos diga suavemente:
«No tienes que recorrer todo el camino hoy. Solo da un paso.»
Tal vez ese pequeño paso sea levantarnos.
O volver a intentarlo.
O pedir ayuda.
O simplemente decidir que mañana lo volveremos a intentar.
Porque la vida no siempre nos pide grandes hazañas. Muchas veces nos pide solamente no abandonar aquello que todavía vive dentro de nosotros.
Y cuando las fuerzas regresen, aunque sea poco a poco, descubriremos que aquel camino que parecía imposible sigue ahí.
Esperándonos.
Entonces volveremos a caminar.
Quizá más despacio, quizá con alguna cicatriz nueva, quizá necesitando apoyarnos de vez en cuando en alguien que nos quiera...
Pero caminaremos.
Porque también hay mucha fuerza en quien, después de haber estado a punto de rendirse, decide dar un paso más.
Y si algún día me ves cansada, no me pidas que corra.
Siéntate conmigo un momento, dame tu mano y recuérdame que todavía puedo.






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