Cada día trae consigo una nueva oportunidad
A veces necesitamos recordar que el pasado forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué seguir escribiendo nuestro presente. Hay heridas que necesitan tiempo para sanar y momentos que, aunque nos hayan marcado, merecen quedarse atrás para poder seguir caminando.
No te aferres al pasado ni a los recuerdos tristes.
No reabras la herida que ya cicatrizó.
No reavives los dolores y sufrimientos antiguos.
Lo que pasó... pasó.
Pon tus fuerzas en construir una vida nueva.
Y camina de frente, sin mirar atrás.
Haz como el sol, que nace cada día sin pensar en la noche que pasó.
Deja atrás el pasado gris
y llena de luz y amor tu vida y tu corazón.
Reflexión final
Hay recuerdos que forman parte de nosotros para siempre.
No podemos borrarlos, ni tampoco cambiar lo que ocurrió.
Pero podemos decidir cuánto espacio queremos seguir dándoles en nuestra vida.
A veces mirar atrás nos ayuda a comprender.
Pero vivir mirando atrás puede impedirnos descubrir todo lo que tenemos delante.
El pasado ya hizo su parte.
Nos dejó experiencias, aprendizajes, heridas y también momentos felices.
Ahora nos corresponde a nosotros continuar.
No hace falta olvidar para avanzar.
No hace falta negar lo vivido.
Solo aprender a dejarlo en el lugar que le corresponde: detrás de nosotros.
Cada amanecer nos recuerda algo sencillo.
La noche puede haber sido larga, pero siempre llega un nuevo día.
Y con él, una nueva oportunidad para comenzar.
Quizá hoy no puedas cambiar lo que ocurrió ayer.
Pero sí puedes elegir qué haces con el día que tienes delante.
Así que respira.
Suelta un poco de aquello que ya no puedes cambiar.
Mira hacia adelante.
Y haz como el sol: vuelve a salir.
Cada día.
Una vez más.
Con un poco más de luz.






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