Aprender a quererte también es aprender a reconocer tu propio valor.
Que nadie haya sabido reconocer tu luz no significa que brilles menos.
Que todavía no haya llegado alguien con quien compartir tu vida no significa que estés incompleta.
Y que alguna vez alguien no haya sabido amarte como merecías no significa que tengas que conformarte con menos.
A veces confundimos la falta de amor de otra persona con la falta de valor en nosotros mismos. Y no es lo mismo.
Que una relación termine, que alguien se marche o que durante un tiempo caminemos solos no dice nada de nuestro valor. Dice, simplemente, que hay historias que terminan, personas que no saben quedarse o caminos que deben continuar por separado.
No somos menos por estar sin pareja.
No somos menos porque alguien no supiera querernos.
No somos menos porque todavía no hayamos encontrado ese amor que soñamos.
Somos mucho más que una relación.
Somos nuestras experiencias, nuestras heridas, nuestros sueños, nuestras decisiones, nuestras risas, nuestras lágrimas y todo aquello que hemos aprendido mientras caminábamos.
Por eso, antes de esperar que alguien nos quiera, quizá debamos aprender a mirarnos con más cariño.
A aceptar nuestras imperfecciones.
A dejar de compararnos.
A disfrutar de nuestra propia compañía.
A entender que estar solos no significa estar vacíos.
Hay personas que tienen pareja y se sienten profundamente solas. Y hay quienes caminan solas durante un tiempo y, sin embargo, viven con el corazón lleno.
Porque la compañía no siempre significa conexión, ni estar junto a alguien garantiza sentirse acompañado.
Tampoco necesitamos aferrarnos a una relación que nos hace daño por miedo a la soledad. Ni ocupar un segundo lugar esperando algún día convertirnos en prioridad.
El amor verdadero no debería pedirnos que dejemos de ser quienes somos.
Debe permitirnos crecer, respirar, sentirnos libres y seguir siendo nosotros mismos.
Quererse no significa pensar que somos perfectos. Significa conocernos, aceptarnos y tratarnos con la misma ternura que tantas veces ofrecemos a los demás.
Y cuando aprendemos a estar bien con nosotros mismos, algo cambia.
Ya no buscamos a alguien para que nos rescate de la soledad.
Buscamos a alguien con quien compartir la vida.
Ya no necesitamos que otro nos diga cuánto valemos.
Lo sabemos.
Y entonces, si algún día llega alguien, podremos amar desde la libertad y no desde la necesidad.
Podremos compartir nuestro camino sin dejar de caminar con nuestros propios pies.
Porque nadie viene a completarnos.
El amor más importante es el que nos permite ser nosotros mismos sin dejar de querernos.





No hay comentarios:
Publicar un comentario