Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El pasaje de la tierra al paraíso


El día que tropecé con mi vida y aprendí a volar de verdad.

Hay épocas en las que nos limitamos a existir en piloto automático. Caminamos, cumplimos rutinas y dejamos pasar los días sin detenernos a respirar el presente, convencidos de que somos invencibles... hasta que el suelo se rompe bajo nuestros pies. Yo también viví ese impacto; un golpe seco que me dejó sin aire y con un miedo atroz a no volver a levantar el vuelo. Por eso guardo esta leyenda con tanto cariño, porque me recuerda que los momentos más oscuros suelen ser el preludio de nuestro renacer más hermoso.

Existe una bellísima leyenda ancestral que cuenta que, si una persona anhela un deseo con vehemencia, debe buscar a una mariposa y susurrárselo en secreto. 
Como las mariposas no emiten ningún sonido, están a salvo de los oídos curiosos; nadie en la tierra podrá descubrir jamás tu petición. 
Ellas vuelan alto y directo hacia el Gran Espíritu del Cielo, el único que todo lo oye y lo considera. 
Al liberar a la mariposa tras confiarle tu mensaje, el Gran Espíritu, conmovido y agradecido por el respeto que has mostrado hacia la libertad de su criatura, decide concederte el deseo.
Nuestra protagonista era una de esas mariposas. Caminaba, vivía y batía sus alas de flor en flor, pero lo hacía de forma mecánica, casi anestesiada. 
Volaba sin notar apenas el paisaje que la rodeaba. Vivía sin sentirse frágil, pero también sin la consciencia real de estar viva.
Hasta que un día, el destino cambió las reglas del juego. Tropezó de frente con su propia realidad y la caída fue dura... terriblemente dura. 
El golpe le rompió las alas y el alma, y por primera vez experimentó un miedo paralizante: el temor absoluto a quedarse atrapada en el suelo para siempre.
Fue entonces cuando apareció un duende. No un duende cualquiera, sino el duende de la vida y de la ilusión renovada. Con paciencia infinita y una ternura inesperada, se sentó a su lado, curó sus heridas y la ayudó pacientemente a volver a batir sus alas.
Desde aquel instante, todo cambió. Al levantar la mirada, ya no se sintió rota ni pequeña; se sintió la criatura más hermosa del jardín. 
Por fin se dio cuenta del inmenso océano de amor que siempre la había rodeado y que antes era incapaz de ver. 
Su nuevo vuelo se volvió mucho más intenso, más consciente y más seguro. Comprendió que la fragilidad no era una debilidad, sino su mayor superpoder.
Y se hizo una promesa inquebrantable: a partir de ahora, no dejaría escapar ni un solo minuto de su existencia.
Y colorín, colorado, esta historia no ha acabado... porque, en realidad, su verdadera vida acaba de empezar.
Reflexión final:

Cuando la vida nos sacude con un golpe duro, la primera tentación es cerrar la ventana para protegernos del viento. 
Nos volvemos rígidos por miedo a volver a sufrir. 
Sin embargo, esta leyenda nos invita a hacer todo lo contrario: a abrir de par en par la ventana a un nuevo horizonte, a aceptar nuestra vulnerabilidad y a soltar lo que nos ata. 
Si hoy sientes que tus alas pesan o que has olvidado cómo se sentía el viento en la cara, busca tu propia mariposa interior. 
Susúrrale tu deseo de sanar, confía en el proceso y, sobre todo, atrévete a dejarla ir. Tu historia no ha terminado con el tropiezo; tu verdadero vuelo empieza justo ahora.

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