Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Si cierras la puerta a todos los errores, también dejarás fuera la verdad

Equivocarnos forma parte del camino; lo importante es no dejar de avanzar por miedo a hacerlo.

Tenemos tanto miedo a equivocarnos que, a veces, terminamos quedándonos quietos. Esperamos estar seguros, encontrar el camino perfecto o tener todas las respuestas antes de dar el primer paso. Pero quizá la vida no nos pida acertar siempre, sino atrevernos a caminar, aprender de lo que encontremos y corregir el rumbo cuando sea necesario


No siempre necesitamos acertar a la primera. A veces necesitamos equivocarnos para descubrir por dónde seguir.

No se equivoca quien intenta distintos caminos para alcanzar aquello que desea. Se equivoca quien, por miedo a equivocarse, decide no caminar.

No se equivoca quien busca respuestas y tarda en encontrarlas. Se equivoca quien deja de buscar porque teme descubrir que estaba equivocado.

No se equivoca quien expresa lo que siente y alguna vez no es correspondido. Hay cosas que no dependen de nosotros. Lo importante es no vivir toda la vida preguntándonos qué habría pasado si hubiéramos tenido el valor de decir aquello que llevábamos dentro.

Tampoco se equivoca quien empieza a cambiar poco a poco.

A veces queremos transformar nuestra vida de un día para otro y, al pensar en todo lo que tenemos que cambiar, terminamos sin hacer nada.

Pero los grandes cambios suelen comenzar de una manera mucho más sencilla.

Con un primer paso.

Después otro.

Y otro.

Hasta que un día miramos hacia atrás y descubrimos que hemos recorrido mucho más de lo que imaginábamos.

Equivocarnos forma parte de aprender.

Claro que algunos errores duelen. Algunos tienen consecuencias y otros dejan cicatrices que tardan tiempo en desaparecer. No se trata de cometer errores sin pensar ni de justificar cualquier decisión.

Se trata de aceptar que nadie puede vivir sin equivocarse.

Reconocer un error requiere honestidad. Decir “me equivoqué” no siempre es fácil, pero puede ser el comienzo de algo nuevo. Nos permite revisar lo ocurrido, aprender y, cuando sea posible, reparar aquello que hemos hecho mal.

Porque evitar cualquier equivocación no significa estar en lo cierto.

A veces podemos pasar años defendiendo una idea simplemente porque nos cuesta reconocer que quizá estábamos equivocados.

Y también necesitamos aprender a cambiar de opinión.

A escuchar.

A hacernos preguntas.

A aceptar que la verdad puede ser más amplia de lo que nosotros alcanzamos a ver.

Quizá por eso sea tan importante no cerrar todas las puertas por miedo a equivocarnos.

Porque detrás de una de ellas puede estar una oportunidad que todavía no conocemos.

Un aprendizaje.

Una persona.

Un camino diferente.

O incluso una parte de nosotros que todavía no hemos descubierto.

La vida no viene con un mapa perfecto.

Vamos aprendiendo mientras caminamos, tomando decisiones, corrigiendo algunas y manteniendo otras.

Y eso también es vivir.

Porque si cerramos la puerta a todos los errores por miedo a equivocarnos, quizá también estemos cerrando la puerta a todo aquello que todavía podemos aprender.

Y quizá la verdad no esté en acertar siempre.

Quizá esté en tener la humildad suficiente para seguir buscando, incluso cuando descubrimos que el camino que habíamos elegido no era el correcto.

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