Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El tiempo, la mejor cura

Hay heridas que no necesitan respuestas, sino tiempo.

Hay momentos en los que quisiéramos que todo pasara deprisa: el dolor, la tristeza, las decepciones, aquello que todavía nos pesa.  Pero el tiempo tiene su propia manera de hacer las cosas. No borra lo vivido, pero nos ayuda a mirarlo de otra forma, a comprenderlo y, poco a poco, a dejarlo en su lugar.


El tiempo, como el viento, seca las lágrimas.

Como el agua, poco a poco, lo va disolviendo todo.

Como el fuego, convierte en cenizas aquello que un día parecía imposible de dejar atrás.

Y como el sol, termina iluminando incluso aquello que durante mucho tiempo permaneció oculto.

El tiempo aclara lo confuso, descubre lo que no veíamos y nos ayuda a encontrar respuestas que quizá no estábamos preparados para comprender.

A veces encuentra lo que creíamos perdido.

Otras veces nos enseña a aceptar lo que ya no puede volver.

Hace crecer la tolerancia, acerca a quienes estaban distanciados y pone a prueba el amor y la amistad.

También nos ayuda a distinguir lo importante de aquello que solo parecía importante.

Se lleva algunas ilusiones, pero también nos devuelve otras más reales.

Hace más pequeño el orgullo y nos enseña que no todo tiene que suceder cuando nosotros queremos.

Porque quien intenta luchar constantemente contra el tiempo termina agotándose.

Quien aprende a esperar descubre que algunas cosas necesitan su propio momento.

Y quien consigue hacer del tiempo un aliado aprende algo esencial:

No todo lo que duele hoy dolerá para siempre.

El tiempo no cambia lo que sucedió, pero puede cambiar la manera en que lo vivimos.

A veces, sanar no consiste en olvidar.

Consiste en recordar sin que aquello vuelva a rompernos por dentro.

Y quizá por eso, cuando sentimos que nada va a cambiar, lo mejor que podemos hacer es seguir caminando, respirar y confiar un poco más en el tiempo.

Porque hay heridas que no se curan de un día para otro, pero sí pueden aprender a dejar de doler.

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