Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Lo que la vida me enseñó

Aprender también es cambiar la forma de mirar.

Hay aprendizajes que no llegan en los libros ni en los consejos de los demás. Llegan con los años, con los errores, con las pérdidas, con los encuentros y con todas esas pequeñas experiencias que, casi sin darnos cuenta, nos van transformando.  Porque vivir también es aprender a mirar la vida con otros ojos.


Aprendí a no esperar siempre a que las oportunidades llamaran a mi puerta. Algunas veces tuve que salir a buscarlas.

Aprendí a mirar los problemas de otra manera, intentando encontrar en ellos una posibilidad para crecer y buscar soluciones.

Aprendí que incluso en los momentos más difíciles puede aparecer un pequeño oasis.

Y que algunas noches, por oscuras que parezcan, también terminan dando paso a un nuevo día.

Aprendí a valorar cada mañana como una oportunidad.

No necesariamente para conseguir grandes cosas, sino para vivir un poco mejor, querer un poco más y estar más presente en mi propia vida.

Durante mucho tiempo pensé que mi mayor rival eran los demás.

Después descubrí que no.

Mis verdaderos desafíos estaban dentro de mí: mis miedos, mis inseguridades, mis dudas y esas veces en las que yo misma me decía que no podía.

Cuando entendí eso, dejé de compararme tanto.

Ya no necesito ser mejor que nadie.

Me basta con intentar ser mejor que la persona que fui ayer.

Aprendí que la vida no es una carrera y que no siempre gana quien llega primero.

Hay caminos que necesitan tiempo.

Hay sueños que tardan años en cumplirse.

Y hay momentos en los que avanzar despacio es la única manera de seguir avanzando.

También descubrí que uno de los mayores regalos que podemos recibir es encontrar personas con las que podamos ser nosotros mismos.

Amigos que permanecen cuando las cosas van bien y también cuando no van tan bien.

Personas con las que compartir una conversación, una risa, una preocupación o simplemente un silencio.

Descubrí que amar es mucho más que enamorarse.

Es cuidar.

Es respetar.

Es escuchar.

Es acompañar.

Es querer el bien del otro sin dejar de querernos también a nosotros mismos.

Aprendí a no vivir demasiado pendiente de mis antiguos triunfos ni de mis errores.

El pasado tiene mucho que enseñarnos, pero no debería convertirse en el lugar donde nos quedemos a vivir.

Lo importante es lo que hacemos con lo aprendido.

También comprendí que no sirve de mucho tener luz si solo la guardamos para nosotros.

A veces podemos iluminar el camino de alguien con algo tan sencillo como una palabra amable, una escucha sincera, un abrazo o nuestra presencia.

No hace falta hacer grandes cosas para dejar una huella.

Aprendí que los sueños necesitan algo más que ilusión.

Necesitan paciencia, valentía y, sobre todo, que nos atrevamos a dar el primer paso.

Y todavía sigo aprendiendo.

Sigo equivocándome.

Sigo cambiando de opinión.

Sigo descubriendo cosas de mí que antes no conocía.

Porque quizá la vida no consiste en llegar a un punto en el que ya lo sabemos todo.

Quizá consiste en mantener siempre las ganas de aprender.

Reflexión final:

Con los años descubrimos que no necesitamos tener todas las respuestas.

Nos basta con seguir caminando, aprender de lo vivido y permitirnos comenzar de nuevo cada vez que sea necesario.

Porque la vida cambia cuando nosotros también nos atrevemos a cambiar.

Y quizás uno de los aprendizajes más bonitos sea este:

No se trata de ser perfectos, sino de no dejar nunca de crecer.




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