Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Escapar del mundo

No siempre necesitamos alejarnos de la vida; a veces necesitamos aprender a estar en ella de otra manera.

Hay momentos en los que quisiéramos apagar el ruido de nuestra cabeza, alejarnos de todo y encontrar un lugar donde por fin sentir un poco de calma. Pero quizá la paz no consista en escapar del mundo, sino en aprender a permanecer en él sin dejar que nuestros pensamientos nos arrastren.


A veces quieres acallar las voces que hablan en tu mente.

Voces que llegan desde recuerdos lejanos, desde futuros que todavía no existen o desde deseos que no han encontrado su lugar.

Hablan continuamente y parecen no darte tregua.

Entonces buscas el silencio interior.

Pero dime:

¿Qué es realmente el silencio interior?

Quizá pienses que necesitas cambiar de ciudad, alejarte de algunas personas, dejar tu trabajo o retirarte del mundo para encontrarlo.

Tal vez imagines que, estando lejos de todo, también desaparecerá el ruido de tus pensamientos.

Pero puedes cambiar de lugar y llevar contigo aquello de lo que intentabas escapar.

Puedes subir a una montaña y seguir escuchando las mismas voces.

Puedes quedarte completamente solo y descubrir que tu mente sigue hablando.

Porque el verdadero ruido no siempre está fuera.

A veces está dentro.

Y tampoco se trata de luchar contra nuestros pensamientos ni de intentar vaciar la mente a la fuerza.

Los pensamientos aparecen.

Unos vienen y otros se van.

Algunos nos hacen sonreír y otros despiertan recuerdos que preferiríamos olvidar.

Pero no tenemos que perseguir cada pensamiento que aparece, ni convertir cada preocupación en una verdad.

Podemos aprender simplemente a observar.

Dejar que pase.

Como quien mira las nubes cruzar el cielo sin intentar detenerlas.

Porque pensar es parte de estar vivos.

¿Acaso podrías detener el latido de tu corazón porque quisieras descansar?

¿Podrías detener la respiración?

¿Podrías impedir que tu mente produzca pensamientos?

No.

Y quizá tampoco sea necesario.

Lo importante no es conseguir que la mente permanezca siempre en silencio, sino aprender a no convertirnos en todo aquello que pasa por ella.

Un pensamiento es solamente un pensamiento.

Una preocupación no siempre es una realidad.

Un miedo no siempre anuncia lo que va a suceder.

Y un recuerdo, por doloroso que sea, pertenece a un tiempo que ya pasó.

Por eso, cuando la mente se llene de ruido, quizá no necesites huir.

Quédate.

Respira.

Observa.

Escucha lo que ocurre dentro de ti sin juzgarlo y sin dejar que cada pensamiento decida por ti.

La vida, además, seguirá estando ahí.

La familia.

Los amigos.

Las responsabilidades.

Los días buenos y los días difíciles.

El cuerpo que nos recuerda sus necesidades.

Las pequeñas cosas cotidianas que tantas veces pasamos por alto.

No necesitamos alejarnos de todo eso para encontrarnos.

Tal vez el verdadero aprendizaje consista precisamente en encontrar la calma en medio de la vida cotidiana.

Porque escapar puede parecer una solución durante un tiempo, pero tarde o temprano tenemos que volver.

Y cuando volvemos, aquello que llevábamos dentro sigue esperando.

Quizá por eso la paz no sea un lugar al que llegar.

Quizá sea una manera diferente de caminar.

No se trata de dejar de pensar.

Se trata de no dejar que cada pensamiento nos lleve consigo.

No se trata de escapar del mundo.

Se trata de aprender a vivir en él sin perdernos a nosotros mismos.

Y quizá, cuando dejamos de luchar contra el ruido y aprendemos simplemente a observarlo, descubrimos algo hermoso:

El silencio que buscábamos fuera siempre estaba empezando dentro.





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