Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Nadie puede saber lo que sucederá mañana.

No conocer lo que vendrá también puede ser una de las cosas más emocionantes de estar vivos.

Nos gustaría saber qué nos espera mañana. A veces, para sentirnos seguros; otras, simplemente para poder prepararnos. Pero quizá si conociéramos de antemano todo lo que va a suceder, perderíamos algo esencial de la vida: la capacidad de sorprendernos.


No sabemos qué traerá el mañana, y quizá ahí esté precisamente una parte de la magia de estar vivos.

Nadie puede saber lo que sucederá mañana.

Y, pensándolo bien, quizá sea mejor así.

Qué triste sería conocer de antemano cada acontecimiento, cada encuentro, cada alegría y cada dificultad. La vida sería como una película que ya hemos visto y de la que conocemos cada escena antes de que suceda.

No habría sorpresas.

Ni esa pequeña emoción de preguntarnos qué habrá detrás de la próxima esquina.

Claro que lo desconocido también puede asustarnos. Hay momentos en los que nos gustaría tener todas las respuestas, saber qué va a ocurrir y poder preparar el corazón para aquello que viene.

Pero la vida no funciona así.

Y quizá no tenga que hacerlo.

Mañana puede traernos algo que no esperábamos. Una conversación, una persona, una oportunidad, una noticia, un cambio de rumbo... Incluso puede sorprendernos con algo tan sencillo como un momento de felicidad en un día cualquiera.

No podemos controlar todo lo que encontraremos en el camino.

Pero sí podemos decidir cómo queremos recorrerlo.

Podemos llevar con nosotros nuestros aprendizajes, nuestros sueños y la esperanza de que, aunque no sepamos qué viene después, todavía quedan cosas por descubrir.

Por eso quizá merezca la pena mirar hacia el mañana con un poco menos de miedo y un poco más de curiosidad.

Porque no saber qué ocurrirá también significa que todavía quedan historias por vivir.

Y quizá esa sea una de las grandes aventuras de la vida:

No conocer el final y, aun así, tener ganas de seguir pasando páginas.

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