Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La montaña y el límite de nuestras fuerzas


El secreto de la mentalidad de crecimiento

Las dificultades que encontramos en el camino a menudo tienen un tamaño fijo e inmutable. Sin embargo, lo que define nuestro destino no es la altura del obstáculo, sino la certeza de que, mientras sigamos respirando, nuestra capacidad de adaptación y fortaleza interior puede seguir creciendo.

En un rincón de la naturaleza convivían tres grandes leones. Los tres eran majestuosos, fuertes y respetados por el resto de los habitantes del lugar. Sin embargo, su presencia generaba un dilema entre los demás animales, quienes se preguntaban a cuál de ellos debían acudir como guía cuando surgieran problemas en la comunidad, ya que era imposible seguir tres liderazgos distintos a la vez.
Los leones, que eran grandes amigos, comprendieron la inquietud de su entorno. No querían competir entre ellos ni entrar en conflictos que rompieran su paz, pero sabían que necesitaban una respuesta.
Los animales se reunieron y propusieron un desafío muy sencillo en apariencia, pero sumamente exigente:
—Hemos encontrado una manera de resolver el dilema. Los tres vais a intentar escalar la Gran Montaña Desconocida. Aquel que logre descifrar el camino y alcance la cima, será reconocido como nuestro guía.
La montaña era la más alta, escarpada y difícil de toda la región. Los leones aceptaron el reto de buen grado y todos los animales se reunieron al pie de la ladera para presenciar la escalada.
El primer león comenzó la subida con ímpetu, pero la verticalidad de la roca y la falta de oxígeno lo agotaron. Tuvo que descender a mitad de camino.
El segundo león lo intentó con todas sus fuerzas, buscando rutas alternativas, pero el terreno cedió bajo sus garras y se vio obligado a regresar, frustrado.
El tercer león avanzó con paso firme, pero la montaña impuso su ley. Exhausto y sin energía, también tuvo que dar la vuelta y bajar.
El desánimo cundió entre los espectadores. Si los tres seres más fuertes habían sido derrotados por la piedra, ¿cómo resolverían el dilema?
En ese momento, un águila veterana, respetada por su gran experiencia y sabiduría, pidió la palabra desde lo alto de una rama:
—Yo sé cuál de ellos posee las cualidades para ser nuestro guía —afirmó con serenidad.
La multitud guardó un silencio absoluto, esperando su explicación.
—Es muy sencillo —continuó el águila—. Mientras volaba cerca de la cumbre, observé cómo regresaban extenuados por el esfuerzo. Y escuché con atención lo que cada uno de ellos le susurró a la roca al darse la vuelta para bajar.
El primer león miró hacia arriba y dijo: «Montaña, me has vencido». El segundo león repitió las mismas palabras: «Montaña, me has vencido». Sin embargo, el tercer león, a pesar del cansancio y la derrota momentánea, miró la inmensidad de la piedra y exclamó: Montaña, me has vencido por hoy. Pero tú ya has llegado a tu tamaño final, mientras que yo todavía sigo creciendo.
El valor de ese tercer león, concluyó el águila, no estuvo en lograr una hazaña imposible en ese instante, sino en su actitud ante el límite. Comprendió que el obstáculo es estático, pero el potencial humano es dinámico.
Reflexión final: 
Tu montaña ya no crece, pero tú sí
Esta hermosa fábula nos regala una de las lecciones más profundas de la psicología: el poder de la mentalidad de crecimiento. En nuestra vida cotidiana, a menudo nos topamos con nuestras propias "grandes montañas". Pueden tener forma de un diagnóstico de salud, de una pérdida personal o de una situación difícil que escapa por completo a nuestro control y que parece decirnos: "Hasta aquí has llegado".
Esas dificultades, al igual que la montaña del cuento, tienen un tamaño fijo. El Parkinson, la disautonomía o las barreras físicas se plantan frente a nosotros con una altura inmutable. No podemos hacer que disminuyan por arte de magia.
Pero lo que este relato nos recuerda de manera entrañable es que nosotros no somos estáticos. Aunque el cuerpo encuentre límites o el entorno se vuelva complicado, nuestra mente, nuestra capacidad de amar, nuestra resiliencia y nuestra creatividad no se congelan.
Tus problemas ya han alcanzado su nivel máximo de dificultad, pero tu capacidad para encontrar razones para sonreír, para adaptarte y para reinventar tu día a día sigue en constante expansión. La montaña se queda donde está, pero tú, en el sofá de tu casa, puedes seguir escribiendo y ayudando a los demás, sigues creciendo cada día.
Cuando la realidad te presente motivos para el desánimo, demuéstrale que tu fuerza interior es más flexible y duradera que cualquier obstáculo.
No te definas por el terreno que hoy no puedes pisar, sino por la inmensa capacidad que tienes para seguir expandiendo tus horizontes mentales y emocionales.

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