Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


No te olvides de lo principal

A veces estamos tan ocupados buscando lo que creemos necesitar que olvidamos aquello que ya daba sentido a nuestra vida.

Una mujer encontró una cueva llena de riquezas y recibió una advertencia muy sencilla: podía llevarse todo lo que quisiera, pero había algo que no debía olvidar. Lo difícil fue recordar qué era realmente lo importante.

Cuenta la historia que una mujer caminaba por un sendero con su hijo cuando, al pasar junto a una cueva, escuchó una voz que parecía venir de su interior.

—Entra. Puedes llevarte todo lo que encuentres. Pero recuerda una cosa: no te olvides de lo principal.

La mujer se quedó quieta unos segundos.

La curiosidad pudo más y entró.

Dentro había monedas, joyas, piedras preciosas y toda clase de objetos que brillaban bajo la tenue luz de la cueva.

Nunca había visto tanta riqueza junta.

Comenzó a recogerla.

Primero unas monedas.

Después unas joyas.

Luego encontró una pequeña caja llena de piedras que parecían guardar todos los colores del mundo.

Cada vez quería llevarse un poco más.

Entonces la voz volvió a escucharse:

—Tienes poco tiempo.

La mujer siguió recogiendo.

Tenía las manos ocupadas, el delantal lleno y la cabeza puesta únicamente en todo aquello que podría llevarse a casa.

Hasta que oyó a su hijo llamarla desde la entrada.

—Mamá, ¿nos vamos?

La mujer se quedó inmóvil.

Miró todo lo que llevaba encima.

Después miró a su hijo.

Y entonces recordó la advertencia.

No te olvides de lo principal.

Soltó las monedas.

Dejó las joyas.

Y salió de la cueva con las manos casi vacías, pero con su hijo agarrado de la mano.

Al salir, la entrada de la cueva se cerró.

Durante un momento sintió pena por todo aquello que había dejado atrás.

Había imaginado lo que podría comprar, la vida que podría tener, todas las cosas que ya no le faltarían.

Pero después miró a su hijo.

Él le sonrió.

Y comprendió que había estado a punto de confundir una cosa con la otra.

Aquella noche, al llegar a casa, se sentó junto a él y pensó en todas las veces que había corrido detrás de cosas que parecían importantes.

El dinero.

Las preocupaciones.

Las prisas.

Lo que otros tenían.

Lo que todavía le faltaba.

Y se preguntó cuántas veces, sin darse cuenta, había dejado en segundo plano aquello que de verdad quería cuidar.

Desde entonces, cada vez que la vida se llenaba demasiado de cosas, volvía a recordar aquella frase:

No te olvides de lo principal.

Porque lo principal no siempre es aquello que más brilla.

A veces es una mano que podemos tomar.

Una conversación que llevamos demasiado tiempo posponiendo.

Una persona a la que queremos.

Un rato de calma.

Una risa compartida.

O simplemente estar presentes en nuestra propia vida mientras sucede.

Quizá todos tengamos, de una manera u otra, nuestra propia cueva llena de cosas que parecen importantes.

La cuestión es saber qué estamos dispuestos a dejar atrás para no perder lo que realmente queremos conservar.

Reflexión final: 

Porque lo que para una persona es una familia, para otra puede ser una amistad, un sueño, la tranquilidad que tanto le ha costado encontrar, una tarde sencilla o volver a sentirse dueña de su propio tiempo.

Y quizá la pregunta más bonita que nos deja esta historia sea precisamente esa:

Si hoy tuvieras que salir de tu propia cueva con las manos ocupadas, ¿qué sería lo primero que no querrías dejar atrás?

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