Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La primera luz del amanecer

El instante mágico de cada día y el valor de arriesgarse a vivir sin reservas.

A veces nos deslizamos por los días como si todos fueran iguales, protegiéndonos del dolor a costa de anestesiar la alegría. Sin embargo, la verdadera magia de la vida aparece cuando nos atrevemos a abrazar lo inesperado, a compartir lo que somos y a asumir el riesgo de sentir con toda el alma.


Solo comprendemos la verdadera maravilla de la existencia cuando nos permitimos abrir espacio a lo inesperado.

Cada nueva jornada nos regala, junto con la primera luz del amanecer, una oportunidad única para transformar aquello que nos ha restar alegría o paz.

A menudo intentamos convencernos de que ese momento no existe, de que la rutina es inmutable y que hoy será exactamente igual que ayer y que mañana.

Sin embargo, quien aprende a observar su presente descubre ese instante de claridad, un chispazo que puede estar oculto en el detalle más sencillo.

Ese momento está ahí: un instante en el que la fuerza del universo parece alinearse con nosotros para permitirnos cambiar el rumbo.

La felicidad a veces llega como un regalo fortuito, pero la mayoría de las veces es una conquista cotidiana.

Ese chispazo de conciencia nos impulsa a reinventarnos y a caminar con determinación hacia nuestras metas.

Habrá tropezones, momentos difíciles y desilusiones... pero todo eso es pasajero y forma parte del camino. En el futuro, podremos mirar atrás con orgullo por haberlo intentado.

Qué triste es dejarse paralizar por el temor a fallar. Quien nunca se arriesga quizás no sufra las decepciones de quien persigue un sueño, pero al mirar en perspectiva escuchará a su voz interior preguntarle: «¿Qué hiciste con las oportunidades que el destino puso en tus manos? ¿Las escondiste por miedo a perderlas?». El único verdadero fracaso es la certeza de haber dejado pasar la vida de largo.

Ojalá nunca tengamos que reprocharnos habernos privado de la felicidad por temor al sufrimiento.

No escondamos nuestras virtudes ni nuestra sensibilidad; los dones solo cobran sentido cuando los ponemos al servicio de los demás.

No le temamos al dolor ni a las caídas: son las huellas imborrables de que nos hemos atrevido a querer, a luchar y a habitar plenamente este viaje.

¡Que no nos falten los días llenos de ilusión, de luz y de instantes de auténtica alegría!


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