Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


No dejemos nada para después. Vivamos y disfrutemos hoy.

El peligro invisible de posponer la vida mientras dejamos pasar los días.

A menudo no nos damos cuenta de cómo la rutina nos va anestesiando poco a poco. Adaptarse a las prisas, a las ausencias y a las miradas esquivas parece fácil, pero el costo es altísimo: perder la capacidad de maravillarnos. Escribo esto como un llamado de atención a mí misma para volver a abrir del todo las ventanas.


Nos acostumbramos a vivir entre paredes altas y a no tener otra vista que los ventanales de enfrente.

Y como no hay un gran paisaje, nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.

Y como no miramos hacia afuera, nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.

Y como no abrimos las cortinas, nos acostumbramos a encender la luz cada vez más temprano.

Así, casi sin darnos cuenta, olvidamos el calor del sol, la frescura del aire y la inmensidad del cielo.

Nos acostumbramos a despertar con sobresalto porque el reloj nos persigue.

A tomar el café a toda prisa porque llegamos tarde.

A revisar mensajes en el autobús para no perder el tiempo.

A comer cualquier cosa de pie porque no hay hueco para almorzar con calma.

A salir del trabajo cuando la noche ya lo ha cubierto todo.

A dar cabezadas en el trayecto de vuelta por puro agotamiento.

A cenar rápido y caernos en la cama sin haber habitado de verdad el día.

Nos acostumbramos a esperar llamadas y escuchar al otro lado: "Hoy no llego", "A ver cuándo nos vemos", "A ver si la semana que viene nos juntamos".

A regalar una sonrisa cálida y recibir a cambio una mirada indiferente.

A encogernos de hombros cuando más necesitábamos sentirnos escuchados.

Si el cine está lleno, nos acomodamos en primera fila aunque nos quede el cuello torcido.

Si el trabajo se vuelve cuesta arriba, nos consolamos contando los días que faltan para el fin de semana.

Y si el fin de semana no hay grandes planes o los recursos no acompañan, nos acostamos temprano y listo, diciéndonos que al menos recuperamos el sueño atrasado.

Nos acostumbramos, en fin, a ahorrar la vida... Se nos olvida que, la guardemos o no, la vida igual se consume. Y que el verdadero riesgo de acostumbrarse a sobrevivir es olvidarse de vivir.

Alguien dijo una vez con gran acierto que la muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja.

Por eso mismo... no dejemos nada para después. Vivamos y disfrutemos hoy.

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