Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La sabiduría de los dos lobos

Dentro de cada uno de nosotros hay fuerzas que luchan por ocupar nuestro corazón. La pregunta es: ¿a cuál estamos dando de comer?

Dentro de cada uno de nosotros conviven sentimientos muy diferentes. Algunos nos ayudan a crecer y otros pueden hacernos daño si dejamos que ocupen demasiado espacio. Esta sencilla historia nos invita a mirar hacia dentro y preguntarnos qué estamos alimentando cada día.


Una tarde, un anciano caminaba con sus nietos por un sendero cercano a su hogar.

Los niños hablaban, reían y se perseguían entre ellos mientras él avanzaba lentamente, disfrutando de aquel momento.

En un determinado instante, el anciano se detuvo.

—¿Sabéis? —les dijo—. Dentro de cada persona hay una lucha que dura toda la vida.

Los niños dejaron de jugar y lo miraron con curiosidad.

—¿Una lucha?

El anciano asintió.

—Sí. Imaginad que dentro de nosotros viven dos lobos.

Uno de ellos representa todo aquello que puede hacernos daño si dejamos que crezca: el miedo, la rabia, la envidia, el rencor, la soberbia, la tristeza que se convierte en amargura…

El otro representa todo aquello que nos ayuda a vivir de una manera más amable: la serenidad, la alegría, la generosidad, la empatía, la esperanza, el amor, la humildad, la compasión…

Los niños escuchaban en silencio.

—Y esos dos lobos —continuó el anciano— están dentro de todos nosotros. No importa quién seas, dónde hayas nacido o cuánto hayas vivido. Todos tenemos momentos en los que uno de ellos quiere tomar el control.

Uno de los niños permaneció pensativo durante unos segundos.

Después levantó la mirada.

—Entonces, abuelo… ¿cuál de los dos gana?

El anciano sonrió.

No respondió inmediatamente.

Miró a sus nietos y después señaló su propio corazón.

—El que alimentes.

Los niños siguieron caminando.

Pero aquella frase se quedó con ellos.

Y quizá también se quedó con el anciano.

Porque sabía que aquella batalla no se gana de una vez para siempre.

Hay días en los que alimentamos la paciencia.

Otros en los que damos de comer al enfado.

Días en los que elegimos comprender.

Y otros en los que dejamos crecer el resentimiento.

No siempre podemos decidir qué sentimiento aparece primero.

Pero sí podemos decidir cuál dejamos crecer.

Reflexión final: 

Todos llevamos dentro luces y sombras.

Tenemos capacidad para amar y también para enfadarnos.

Podemos ser generosos y, al mismo tiempo, sentir envidia.

Podemos perdonar unas veces y quedarnos atrapados en el rencor otras.

No creo que la clave esté en intentar eliminar todo aquello que consideramos negativo.

Somos humanos.

Y también somos contradictorios.

La verdadera elección quizá esté en aquello que hacemos después.

Porque cada pensamiento que repetimos, cada emoción que alimentamos y cada actitud que practicamos puede hacerse un poco más grande dentro de nosotros.

Si alimentamos el miedo, el miedo acaba ocupando demasiado espacio.

Si alimentamos el resentimiento, cada herida parece más profunda.

Si alimentamos la desconfianza, empezamos a mirar el mundo esperando que nos haga daño.

Pero también ocurre lo contrario.

Si alimentamos la gratitud, empezamos a reconocer pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas.

Si alimentamos la bondad, descubrimos que un gesto amable puede cambiar el día de alguien.

Si alimentamos la esperanza, incluso los caminos difíciles pueden parecer un poco menos oscuros.

Y si alimentamos el amor, quizá aprendamos que no hace falta tener una vida perfecta para encontrar momentos de felicidad.

Por eso, cuando notes que dentro de ti comienza una de esas pequeñas batallas, quizá puedas detenerte un instante y preguntarte:

¿Qué estoy alimentando hoy?

No para juzgarte.

No para exigirte ser siempre positivo.

Simplemente para recordar que, aunque no podamos elegir todo lo que sentimos, sí podemos cuidar aquello que decidimos hacer crecer.

Porque dentro de nosotros siempre habrá más de una voz.

Y quizá nuestra sabiduría consista en aprender a escuchar cuál merece un poco más de alimento.

Al final, crecer también es elegir qué queremos que crezca dentro de nosotros.

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