Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Libertad


Amar también es saber dejar volar

A veces confundimos el amor con el miedo a perder. Queremos retener aquello que nos hace felices, sin darnos cuenta de que algunas cosas solo pueden seguir siendo hermosas cuando son libres.

Esta historia nos recuerda que amar de verdad también significa saber soltar.

Érase una vez un pájaro adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observara.

Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él.

Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole deprisa y los ojos brillantes de emoción.

Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía.

Ella admiraba, veneraba y adoraba al pájaro.

Pero entonces pensó:

Tal vez quiera conocer unas montañas lejanas.

Y la mujer tuvo miedo.

Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Sintió envidia de la capacidad que tenía para volar y comenzó a sentirse sola.

Entonces pensó:

Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse.

El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en una jaula.

Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban:

—Eres una persona que lo tiene todo.

Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación.

Como ya tenía al pájaro y no necesitaba conquistarlo, fue perdiendo el interés.

El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo. Perdió su brillo, se volvió triste y ella dejó de prestarle atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.

Un buen día, el pájaro murió.

Ella se puso muy triste y no dejaba de pensar en él.

Pero no recordaba la jaula.

Recordaba solamente el día en que lo había visto por primera vez, volando feliz entre las nubes.

Si hubiese profundizado en sí misma, habría descubierto que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de sus alas en movimiento, no su cuerpo físico.

Sin el pájaro, su vida también perdió sentido y la muerte vino a llamar a su puerta.

—¿Por qué has venido? —le preguntó la mujer.

—Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo —respondió la muerte—.

Si lo hubieses dejado partir y volver siempre que quisiera, lo admirarías y lo amarías todavía más. Sin embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo.

Reflexión final:

Hay personas que llegan a nuestra vida como llegan los pájaros al cielo: libres, inesperadas y llenas de belleza.

Y quizá uno de nuestros mayores errores sea creer que, para no perderlas, tenemos que sujetarlas.

Pero nadie puede ser feliz dentro de una jaula, por muy bonita que sea.

El amor que necesita controlar, retener o poseer termina perdiendo aquello mismo que un día lo hizo especial.

Amar también es confiar.

Es permitir que el otro tenga sus propias alas, sus propios caminos y sus propios horizontes.

Porque quien vuelve libremente, vuelve porque quiere.

Y eso vale mucho más que cualquier jaula.

A veces tenemos tanto miedo de perder a alguien que terminamos perdiéndolo precisamente por no saber dejarlo respirar.

Por eso, si amas, cuida.

Si quieres, acompaña.

Si puedes, protege.

Pero no cortes las alas de quien amas para conseguir que se quede.

Porque el verdadero amor no encierra, el verdadero amor deja volar.


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