Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Deja siempre abierta la tapa del libro


Hay recuerdos que no pertenecen al pasado, porque todavía saben acompañarnos.

Con los años vamos llenando las páginas de un libro que nadie puede ver. En él guardamos personas, momentos, palabras y pequeños gestos que quizá parecieron insignificantes, pero que un día descubrimos que seguían ahí, acompañándonos.


Hay recuerdos que, cuando vuelven, consiguen que hasta la soledad se sienta un poco más acompañada.

Todos tenemos un libro que vamos escribiendo sin darnos cuenta.

No es un libro que podamos comprar en ninguna librería. Está hecho de momentos, de personas, de conversaciones, de sonrisas y también de esos pequeños gestos que alguien tuvo con nosotros cuando más los necesitábamos.

En sus páginas guardamos a quienes estuvieron a nuestro lado cuando las cosas iban bien, pero también a quienes supieron quedarse cuando no estábamos pasando por nuestro mejor momento.

Porque hay personas que quizá estuvieron en nuestra vida durante mucho tiempo y otras que pasaron por ella apenas un instante. Pero algunas dejan algo que permanece.

Una palabra dicha en el momento oportuno.
Una mano tendida.
Una sonrisa cuando estábamos tristes.
Alguien que creyó en nosotros cuando nosotros mismos habíamos dejado de hacerlo.

También están los recuerdos sencillos: una conversación que todavía nos hace sonreír, una tarde cualquiera, una mirada cómplice, una persona que ya no está pero que, de vez en cuando, vuelve a nosotros sin avisar.

Creo que esos recuerdos merecen un lugar especial.

No para vivir anclados en el pasado, sino para poder regresar a ellos alguna vez, cuando la vida se vuelva demasiado silenciosa o cuando necesitemos recordar que hemos sido queridos, acompañados y capaces de querer también.

Por eso me gusta pensar que ese libro nunca debería cerrarse del todo.

Dejemos la tapa entreabierta.

Para poder volver a sus páginas cuando lo necesitemos. Para reencontrarnos con quienes dejaron algo bueno en nuestro camino y, quizá, para descubrir que algunos recuerdos tienen la hermosa capacidad de seguir acompañándonos muchos años después.

Porque hay personas que se marchan de nuestra vida, pero no necesariamente de nuestra historia.

Y mientras podamos recordarlas con una sonrisa, de alguna manera seguirán sentadas un ratito a nuestro lado.

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