Lo que realmente merece la pena llevarse de la vida.
Se cuenta que, hace muchos años, un viajero llegó a El Cairo con la intención de visitar a un sabio conocido por su gran conocimiento.
Cuando entró en su casa, se quedó sorprendido.
Era una habitación pequeña y sencilla, llena de libros. Apenas había una cama, una mesa y un banco.
El viajero miró a su alrededor y, sin poder contener la curiosidad, preguntó:
—Maestro, ¿dónde están sus muebles?
El sabio sonrió y, en lugar de responder, le hizo otra pregunta:
—¿Y dónde están los suyos?
El viajero soltó una pequeña carcajada.
—¿Los míos? Yo estoy aquí solamente de paso.
El sabio lo miró tranquilamente.
—Yo también.
El viajero guardó silencio.
No hacía falta decir nada más.
Aquellas dos palabras encerraban una verdad sencilla que quizá todos conocemos, pero que con frecuencia olvidamos: estamos de paso.
Y mientras estamos aquí, podemos dedicar nuestra vida a acumular cosas que algún día tendremos que dejar atrás, o podemos llenar nuestros días de momentos que sí podremos llevar con nosotros en forma de recuerdos.
Porque una casa puede estar llena de objetos y, al mismo tiempo, sentirse vacía.
Y una vida puede tener muy pocas cosas materiales y estar llena de historias, de personas, de conversaciones, de abrazos, de aprendizajes y de momentos que merecieron la pena.
Reflexión final
Quizá no se trata de tener menos, sino de dar más valor a lo que realmente importa.
Las cosas pueden acompañarnos durante un tiempo, pero son los momentos vividos y las personas que amamos los que terminan formando nuestra verdadera historia.
No esperemos a tenerlo todo para empezar a disfrutar de lo que ya tenemos.
Porque, al final, todos estamos de paso.
Y quizá la pregunta no sea cuánto conseguimos acumular, sino cuánto fuimos capaces de vivir, sentir y compartir mientras estuvimos aquí.






No hay comentarios:
Publicar un comentario