La vida no se guarda para después. Lo que tenemos de verdad es este momento.
A veces vivimos pensando demasiado en lo que vendrá.
Cuando termine esto…
Cuando tenga aquello…
Cuando las cosas se arreglen…
Y mientras tanto, los días van pasando.
Quizá por eso conviene detenernos de vez en cuando y recordar que la vida no está solamente en los grandes acontecimientos.
También está en una mañana cualquiera, en una conversación, en una canción que nos emociona, en una taza compartida, en una risa inesperada.
Vive lo que puedas vivir hoy.
No necesitas tenerlo todo resuelto para disfrutar de lo que tienes delante.
Sé tú mismo.
No la persona que los demás esperan que seas, sino aquella con la que puedas mirarte al espejo y sentir que estás siendo fiel a quien eres.
Habrá momentos en los que ser diferente te haga sentir inseguro. Hazlo igualmente cuando tu corazón te diga que ese es tu camino.
No tengas miedo de ser feliz.
A veces hasta nos cuesta permitirnos la alegría, como si después de haber vivido momentos difíciles no tuviéramos derecho a ella.
Pero sí.
Tenemos derecho a disfrutar de lo bonito cuando aparece.
Ama cuando puedas amar.
Hazlo de verdad, sin llevar una cuenta de lo que das ni esperar que todo vuelva exactamente en la misma medida.
Y cuando mires hacia atrás, quizá descubras que has recibido mucho más de lo que recordabas.
Piensa también en las personas que han estado contigo.
En sus palabras.
En su compañía.
En esos pequeños gestos que quizá en su momento parecieron insignificantes y que hoy tienen otro valor.
La vida también nos pedirá tomar decisiones.
No siempre sabremos cuál es la correcta.
Pensaremos, dudaremos, consultaremos, nos equivocaremos algunas veces…
Y aun así tendremos que elegir.
Hazlo lo mejor que puedas con lo que sabes en ese momento.
Después, no te castigues eternamente por no haber sabido lo que solamente el tiempo podía enseñarte.
Nadie tiene todas las respuestas.
Nadie conoce de antemano cómo terminará cada camino.
Por eso quizá sea mejor caminar con los ojos abiertos y el corazón despierto.
Agradecer lo que llega.
Aceptar lo que cambia.
Soltar lo que ya no puede quedarse.
Y cuidar aquello que todavía tenemos.
No sabemos cuántos días nos quedan por vivir, pero sí podemos decidir qué hacemos con el día que tenemos hoy.
Así que mira a tu alrededor.
Hay vida ocurriendo ahora mismo.
No la dejes pasar mientras esperas a que llegue el momento perfecto.
Vive.
Ama.
Ríe cuando tengas ganas.
Llora cuando lo necesites.
Atrévete a empezar de nuevo.
Y, sobre todo, no dejes para mañana todo aquello que hoy puede hacerte sentir un poco más vivo.





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