Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Los Cuatro Acuerdos


Cuatro ideas sencillas que pueden hacernos mirar de otra manera nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestra forma de relacionarnos.

Hace tiempo llegó a mis manos un libro que me pareció maravilloso: «Los Cuatro Acuerdos», de Miguel Ruiz. En sus páginas encontré cuatro ideas sencillas que invitan a mirar de otra manera nuestra forma de hablar, de relacionarnos con los demás y, sobre todo, de relacionarnos con nosotros mismos.


Más allá de las creencias o de la filosofía que cada persona tenga, hay algunas ideas de ese libro que me parecen interesantes porque hablan de cosas muy humanas: cómo hablamos, cómo interpretamos lo que hacen los demás, cuánto suponemos y cuánto nos exigimos.

La primera tiene que ver con nuestras palabras.

Cuántas veces hablamos sin pensar demasiado en lo que estamos dejando en el otro.

Una frase dicha en un momento de enfado puede quedarse mucho tiempo dando vueltas en la cabeza de alguien. Y también ocurre lo contrario: una palabra amable, dicha justo cuando hacía falta, puede acompañarnos durante años.

Por eso merece la pena cuidar lo que decimos.

No significa callarnos siempre ni convertirnos en personas que nunca se equivocan. Significa intentar que nuestras palabras se parezcan a lo que realmente pensamos y sentimos, y aprender también a no utilizarlas para hacer daño.

El segundo acuerdo invita a no tomarnos todo de manera personal.

Y este, reconozco, no siempre resulta fácil.

Cuando alguien nos critica, nos rechaza o actúa de una manera que nos duele, nuestra primera reacción suele ser pensar que tiene que ver con nosotros.

Pero cada persona mira el mundo desde su propia historia, sus heridas, sus miedos y sus circunstancias.

Eso no significa que todo lo que hagan los demás esté bien.

Significa que no podemos cargar sobre nuestros hombros cada opinión, cada gesto o cada palabra que recibimos.

El tercer acuerdo habla de algo en lo que probablemente todos hemos caído alguna vez: las suposiciones.

Creemos saber lo que alguien piensa.

Interpretamos un silencio.

Damos por hecho que una persona está enfadada con nosotros.

Imaginamos por qué alguien no llamó, por qué contestó de determinada manera o qué quiso decir realmente.

Y mientras nosotros construimos toda una historia en nuestra cabeza, quizá la realidad sea completamente distinta.

A veces una pregunta sincera puede ahorrarnos muchas preocupaciones.

Preguntar.

Escuchar.

Hablar claro.

Parece sencillo, pero cuánto sufrimiento innecesario puede evitarnos.

Y el cuarto acuerdo, quizá el que más me gusta, nos recuerda algo que tendemos a olvidar: hacer lo mejor que podamos.

Pero hay una palabra que para mí resulta fundamental: podamos.

Porque nuestro máximo esfuerzo no es siempre el mismo.

Hay días en los que tenemos energía, ilusión y ganas de comernos el mundo.

Y hay otros en los que levantarnos y hacer lo que podemos ya supone bastante.

No deberíamos medirnos todos los días con la misma vara.

Hacer lo mejor que podamos no significa exigirnos hasta agotarnos.

Significa poner de nuestra parte lo que podamos poner ese día y después permitirnos descansar sin castigarnos por no haber hecho más.

Cuatro ideas.

Hablar con cuidado.

No cargar con todo lo que viene de los demás.

Preguntar antes de suponer.

Y tratarnos con un poco más de comprensión cuando no podemos dar lo mismo que ayer.

No sé si seguir estas cuatro ideas puede hacer que nuestra vida sea más feliz.

Probablemente no existe una fórmula capaz de conseguirlo.

La vida seguirá teniendo días buenos y días difíciles.

Seguiremos equivocándonos, enfadándonos, suponiendo cosas que no son y diciendo alguna palabra que después desearíamos haber callado.

Somos humanos.

Pero quizá podamos detenernos un instante antes de reaccionar.

Pensar un poco más.

Escuchar mejor.

Hablar con más cariño.

Y ser un poco menos duros con nosotros mismos.

A veces los grandes cambios no empiezan con decisiones extraordinarias.

Empiezan con algo mucho más pequeño.

Con una palabra.

Con una pregunta.

Con una disculpa.

Con dejar de tomarnos algo como un ataque.

Con hacer hoy, sencillamente, lo mejor que podamos.

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