La mariposa que esperaba una decisión
Hay momentos en los que la vida no nos pide una respuesta, sino que nos recuerda que todavía podemos elegir. A veces creemos que nuestra vida depende de lo que ocurre a nuestro alrededor, hasta que descubrimos que aún conservamos algo que nadie puede decidir por nosotros: la manera en que elegimos seguir.
María llevaba varios días sintiendo que la vida se le había quedado pequeña.
Todo parecía depender de circunstancias que ella no podía controlar: las decisiones de otras personas, las oportunidades que no habían llegado, las puertas que se habían cerrado demasiado pronto...
—Si las cosas fueran diferentes, yo también lo sería —pensó más de una vez.
Una tarde salió a caminar sin rumbo y terminó entrando en un pequeño jardín que no había visitado nunca.
En uno de sus rincones había un anciano sentado junto a una fuente.
No parecía hacer nada. Simplemente observaba el movimiento del agua.
María se sentó cerca de él.
Después de unos minutos, vio una mariposa azul posarse sobre una flor.
—Qué bonita —dijo.
El anciano sonrió.
—Sí. Y también muy frágil.
María la observó durante unos segundos.
—A veces pienso que nosotros somos igual de frágiles.
El hombre negó suavemente con la cabeza.
—Frágiles, quizá. Pero no indefensos.
María lo miró con curiosidad.
—¿Y cuál es la diferencia?
El anciano señaló la mariposa.
—Ella no puede decidir cuándo soplará el viento, ni dónde caerá la lluvia, ni quién intentará atraparla. Pero sí puede decidir cuándo abrir sus alas.
María permaneció en silencio.
Aquella frase parecía sencilla, pero se quedó dentro de ella.
Porque comprendió algo que llevaba tiempo olvidando.
No podía elegir todo lo que le sucedía.
No podía cambiar algunas pérdidas, determinadas circunstancias ni las decisiones de otras personas.
Pero todavía podía elegir qué hacer con aquello que la vida había puesto en sus manos.
Podía quedarse mirando la puerta que se había cerrado...
o buscar otra.
Podía vivir preguntándose por qué...
o empezar a preguntarse para qué.
Podía esperar a que todo cambiara para volver a sentirse bien...
o comenzar a cambiar aquello que sí estaba a su alcance.
La mariposa levantó el vuelo y desapareció entre las flores.
María sonrió.
Quizá la vida no consistía en tener siempre el control.
Quizá consistía en no olvidar que, incluso cuando no podemos elegir el camino, todavía podemos elegir cómo recorrerlo.
Y por primera vez en mucho tiempo, volvió a casa sintiendo que sus manos no estaban vacías.
Aún tenía algo muy importante entre ellas:
la posibilidad de elegir.
Reflexión final:
No podemos decidir todo lo que ocurre en nuestra vida.
Hay cosas que llegan sin pedir permiso, personas que se marchan, caminos que se cierran y momentos que nos obligan a empezar de nuevo.
Pero entre todo aquello que no podemos controlar, siempre queda un pequeño espacio que sí nos pertenece:
nuestra manera de responder.
Quizá no podamos elegir todas las cartas que nos da la vida, pero sí podemos decidir cómo jugarlas.
Y a veces, eso es suficiente para volver a abrir las alas.






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