Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La vida es efímera


No dejes para mañana lo que hoy puede hacerte feliz

La vida pasa más deprisa de lo que creemos. Por eso, quizá merezca la pena detenernos, mirar alrededor y recordar que todavía estamos a tiempo de abrazar, agradecer, amar y vivir.


Si fuéramos conscientes de lo efímera que es nuestra vida, tal vez pensaríamos dos veces antes de dejar pasar las oportunidades que tenemos para ser felices y hacer felices a los demás.

Muchas flores son cortadas demasiado pronto; algunas apenas han comenzado a abrirse. Hay semillas que nunca llegan a brotar y otras flores que viven plenamente hasta que, pétalo a pétalo, tranquilas y cumplidas, se entregan al viento.

Pero nosotros no sabemos cuánto tiempo tendremos.

No sabemos cuánto durará este jardín en el que vivimos ni cuánto tiempo podremos disfrutar de las flores que han sido plantadas a nuestro alrededor.

Y, sin embargo, muchas veces nos descuidamos.

Nos entristecemos por cosas pequeñas y dejamos escapar un tiempo que nunca podremos recuperar.

Perdemos días, a veces años.

Nos callamos cuando deberíamos hablar y hablamos demasiado cuando quizá deberíamos guardar silencio.

No damos ese abrazo que tanto nos pide el corazón porque algo nos lo impide.

No damos un beso cariñoso porque no estamos acostumbrados a hacerlo.

No decimos cuánto queremos a alguien porque pensamos que esa persona ya lo sabe.

Y mientras tanto, pasa la noche y llega el día.

Sale el sol y volvemos a empezar.

Seguimos siendo los mismos.

Reclamamos lo que no tenemos o sentimos que nunca es suficiente. Le exigimos a los demás, a la vida y hasta a nosotros mismos.

Y nos consumimos comparando nuestra vida con la de quienes creemos que tienen más.

¿Y si alguna vez hiciéramos lo contrario?

¿Y si miráramos hacia quienes tienen menos y aprendiéramos a valorar todo aquello que nosotros damos por sentado?

Tal vez eso cambiaría nuestra manera de mirar.

Porque muchas veces no nos falta tanto como creemos.

Nos falta detenernos.

Nos falta agradecer.

Nos falta mirar lo que ya tenemos.

Y el tiempo sigue pasando.

Pasamos por la vida sin llegar a vivirla plenamente. Sobrevivimos, porque quizá no hemos aprendido otra manera de hacerlo.

Hasta que, inesperadamente, miramos hacia atrás y nos preguntamos:

¿Y ahora qué?

Ahora.

Hoy.

Todavía estamos a tiempo.

A tiempo de reconstruir algo que creíamos perdido.

De dar un abrazo.

De decir una palabra cariñosa.

De pedir perdón.

De agradecer.

De llamar a alguien que hace tiempo que no escuchamos.

De decir te quiero.

Nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven para amar, para ser amable, para dar cariño o para comenzar de nuevo.

No mires atrás con tristeza.

Lo que pasó, pasó.

Lo que perdimos, perdido está.

Pero delante de nosotros todavía queda camino.

Mira hacia adelante.

Todavía hay tiempo para apreciar las flores que permanecen enteras a nuestro alrededor.

Todavía hay tiempo para agradecer por la vida que, aunque efímera, sigue latiendo dentro de nosotros.

Reflexión final

Quizá uno de los mayores errores que cometemos sea vivir como si siempre hubiera un mañana.

Mañana llamaré.

Mañana pediré perdón.

Mañana empezaré.

Mañana disfrutaré más de los míos.

Y mientras esperamos ese mañana, la vida sigue ocurriendo.

Por eso no dejemos para después aquello que nuestro corazón sabe que importa.

Abracemos mientras podamos abrazar.

Digamos lo que sentimos.

Agradezcamos lo que tenemos.

Perdonemos cuando sea posible.

Disfrutemos de las pequeñas cosas.

Porque quizá algún día descubramos que aquello que considerábamos pequeño era, en realidad, lo más grande que teníamos.

La vida no nos garantiza cuánto tiempo tendremos, pero sí nos regala este instante.

Este día.

Esta respiración.

Esta oportunidad.

Y quizá vivir plenamente no consista en hacer cosas extraordinarias, sino en aprender a estar presentes en las cosas sencillas mientras suceden.

Mañana llegará cuando tenga que llegar.

Pero hoy está aquí.

Y hoy... todavía estamos a tiempo.

Quizá también quieras continuar por aquí…

Si estas palabras te han recordado la importancia de detenerte y disfrutar de lo que la vida te está regalando en este instante, quizá quieras leer también Aquí y ahora, una reflexión sobre aprender a vivir el presente y descubrir la felicidad en las pequeñas cosas.


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