Amar también es aceptar, comprender y caminar juntos.
Hay amores que no necesitan grandes palabras para demostrar lo que sienten. Se reconocen en los pequeños gestos, en la compañía sincera y en esa forma de estar cuando la vida se pone difícil.
Porque amar de verdad también es saber caminar al lado del otro, sin dejar de ser uno mismo.
Es quien sabe levantarte el ánimo cuando lo necesitas y celebrar contigo cuando las cosas van bien.
Es alguien con quien puedes reír, bromear y ser tú mismo sin miedo a ser juzgado.
Es quien se acuerda de ti cuando no estás y permanece cerca cuando las cosas no salen como esperabas.
Es quien te quiere por lo que eres, no por lo que tienes, por lo que sabes o por lo que puedes ofrecerle.
Es quien no intenta cambiarte para convertirte en lo que espera, sino que camina contigo mientras ambos seguís creciendo.
Es quien se interesa por tus cosas, incluso por aquellas que parecen pequeñas, porque sabe que para ti son importantes.
Es quien comparte tu alegría y también tu tristeza; quien escucha cuando necesitas hablar y sabe guardar silencio cuando las palabras sobran.
Es quien intenta comprenderte, incluso cuando no piensa como tú.
Es quien se atreve a mirar contigo en la misma dirección, sin impedirte tener tus propios sueños, tus propios espacios y tu propia manera de caminar.
Es quien está dispuesto a correr riesgos a tu lado, pero también sabe tenderte la mano cuando tropiezas.
Porque amar no significa estar siempre de acuerdo, ni resolverle la vida al otro.
Amar es estar.
Estar cuando todo resulta fácil y, sobre todo, cuando deja de serlo.
Es cuidar sin invadir, acompañar sin poseer y querer sin pedir que el otro deje de ser quien es.
Y quizá ahí esté una de las formas más bonitas de amar:
Encontrar a alguien con quien puedas compartir el camino sin dejar de caminar con tus propios pies.





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