Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La pausa...la música...la vida...


Las pausas también forman parte de nuestra melodía.

Hay momentos en los que la vida parece detenerse. Un proyecto que se paraliza, una ausencia, una enfermedad, un cambio inesperado… y por un instante sentimos que la música se ha terminado. Pero quizá solo estamos atravesando una pausa.


Porque una pausa no significa que la melodía haya llegado a su fin. A veces es simplemente el silencio necesario antes de volver a escucharla.

En una pausa no hay música, pero la música también se construye con ella.

En la melodía de nuestra vida aparecen pausas. Momentos en los que todo parece detenerse y pensamos, equivocadamente, que hemos llegado al final de la canción.

¿Cómo lee el músico una pausa?

Mira su compás, espera el momento preciso y continúa con la siguiente nota, con la misma seguridad que tenía antes de la interrupción.

Quizá nosotros también tengamos que aprender a hacer lo mismo.

Es nuestro deber aprender la melodía y no desanimarnos durante las pausas. No tenemos que ignorarlas ni intentar eliminarlas. Forman parte de nuestra historia.

Porque si nos decimos con tristeza: «No hay música en una pausa», quizá olvidemos algo importante:

también gracias a las pausas podemos crear música.

La vida tiene sus propios silencios.

Enfermedades, proyectos que se detienen, cambios que no esperábamos, ausencias que duelen, personas que se marchan, momentos en los que dudamos si tendremos fuerzas para continuar…

Pausas.

Muchas pausas.

Y después, poco a poco, la melodía vuelve.

A veces no suena como antes. Otras veces lo hace con más fuerza.

Nuestra canción tiene estrofas de alegría y otras de despedida. Tiene notas suaves y otras que parecen gritos. Tiene momentos en los que bailamos y otros en los que apenas conseguimos seguir el ritmo.

Pero la canción continúa.

De pausa en pausa, vamos componiendo nuestra propia melodía.

Y quizá con el tiempo descubramos que precisamente esas pausas que tanto nos hicieron sufrir también nos enseñaron a escuchar de otra manera.

Podemos pensar que la canción se ha terminado o podemos utilizar ese silencio para respirar, recuperar fuerzas y buscar los acordes que necesitamos para continuar.

La vida no siempre mantiene el mismo ritmo, pero mientras exista una nueva nota por tocar, la melodía continúa.

Quizá el mejor músico no sea quien nunca se equivoca ni quien toca una canción perfecta, sino quien aprende a encontrar en cada pausa la fuerza necesaria para volver a empezar.

Reflexión final

Hay pausas que no elegimos y que llegan sin pedir permiso.

Nos obligan a detenernos, a cambiar el ritmo y, algunas veces, a aprender a vivir de una manera que nunca habíamos imaginado.

Pero detenerse no significa rendirse.

A veces la pausa que tanto nos preocupa es precisamente la que necesitamos para escuchar qué quiere decirnos la vida.

Y cuando llegue el momento de continuar, quizá descubramos que seguimos teniendo música dentro.

Solo necesitamos volver a encontrar la siguiente nota.


 Y quizá aprender a vivir nuestras pausas también significa descubrir que la calma no es detener la vida, sino encontrar en ella un espacio para respirar, escucharnos y recuperar nuestra libertad. Si quieres seguir caminando por ese camino, quizá te apetezca leer: «La calma también es libertad».



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