Sigue creyendo en tus sueños
Hay sueños que dejamos aparcados porque alguien nos hizo creer que no podíamos alcanzarlos, o porque el miedo terminó hablando más fuerte que nuestras ilusiones. Pero nuestros sueños también forman parte de quienes somos. Nadie debería tener el poder de apagar aquello que nos hace avanzar.
Debes tener sueños y esperanzas. Creer que todo aquello que quieras lograr en la vida puede ser posible, porque tienes esperanza e ilusión.
Nunca permitas que nadie te quite el derecho a perseguir tus sueños, porque ellos son el motor que muchas veces nos ayuda a seguir adelante.
Y nunca permitas que alguien se sienta con derecho a dominarte hasta el punto de anularte. Eso no debes consentirlo.
Recuerda que la vida es demasiado bonita como para vivirla encerrada, sufriendo la incomprensión de alguien que apareció en tu vida y terminó adueñándose no solo de ella, sino incluso de tus pensamientos.
Nunca abandones tus sueños.
Mientras creas que puedes alcanzar tus metas, inténtalo una y otra vez. Que nadie te detenga. Guarda esos sueños con fuerza y no los sueltes.
No esperes que aquello que deseas llegue por sí solo. Ve a buscarlo. Persíguelo con todas tus fuerzas y lucha por aquello que pueda hacerte feliz.
Nunca pienses que has perdido porque algo no salió bien una vez. Siempre puedes volver a intentarlo. La perseverancia es una de las grandes fuerzas que tenemos. Podemos ser muy inteligentes, pero sin constancia resulta mucho más difícil alcanzar aquello que deseamos.
Comienza cada día como si fuese el primero del resto de tu vida: con esperanza, alegría y mucho amor para repartir.
No permitas que nadie te robe esa alegría que llevas dentro. Tienes la fortuna de tener amor, ilusiones y sueños. No los desperdicies.
Cada día intenta aprender algo nuevo. Mira la vida con todos los colores del arcoíris y no permitas que lo gris te impida contemplar la belleza que tienes delante.
Recuerda que cada vez que aprendes algo nuevo, tu mundo se amplía. Creces, avanzas y descubres nuevas posibilidades.
No hagas nada que te disminuya ni permitas que nadie te haga sentir menos de lo que eres.
Te mereces todos los sueños del mundo.
Y aquello que te quita el sueño, no lo conviertas en dueño de tus pensamientos. Déjalo ir. Retenerlo solo hace más pesada el alma.
Siéntete feliz con quien eres. Tienes la capacidad de aprender de tus errores, de cambiar y de seguir creciendo.
No permitas que los malos sentimientos, como el orgullo o la vanidad, empañen ese corazón que todavía tiene tanto que dar.
Sigue soñando. Sigue aprendiendo. Sigue caminando. Y, sobre todo, no permitas que nadie decida por ti hasta dónde puedes llegar.





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