Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


A veces

Cuando descubrimos que no estamos solos

A veces creemos que lo que sentimos solo nos ocurre a nosotros. Pero basta con encontrarnos con unas palabras, una historia o un relato para descubrir que nuestras emociones también viven en otros corazones.  Quizá por eso compartir lo que sentimos tenga tanto valor: porque nos recuerda que, incluso en nuestros momentos de soledad, nunca estamos tan solos como creemos.


A veces, solo a veces, pareciera que alguien levantara la mirilla y observara nuestros anhelos, nuestras dudas y esa confusión que aparece cuando no sabemos muy bien hacia dónde seguir.

Creemos que nuestra desazón es única, que nadie puede entender lo que estamos sintiendo. Y, sin embargo, cuando nos detenemos a escuchar otras historias, descubrimos que muchas de nuestras emociones son mucho más universales de lo que pensamos.

Una tristeza, una pérdida, un miedo, una esperanza… cambian de rostro, pero se parecen mucho de un corazón a otro.

Quizá por eso, a veces, un pequeño detalle puede ayudarnos a mirar de otra manera. Un cuento, un relato, unas palabras encontradas casi por casualidad pueden abrirnos los ojos y recordarnos que no estamos solos.

Porque siempre habrá alguien que haya sentido algo parecido a lo que nosotros sentimos. Alguien que también haya tenido miedo, que haya perdido la esperanza, que haya llorado y después haya vuelto a sonreír.

Y descubrirlo nos hace sentir un poco más comprendidos, un poco más humanos y, sobre todo, un poco menos solos.

La alegría compartida es más alegría y la pena compartida es menos pena… aunque solo sea durante ese instante en que nos encontramos en las palabras de alguien más.

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