Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


A quien da con el corazón nunca pierde .


Hay regalos que no caben en una caja

A veces recibimos algo que parece pequeño y, sin embargo, tiene un valor enorme: unos minutos de tiempo, una escucha sincera, una palabra en el momento justo. Son regalos que no se pueden envolver, pero que pueden quedarse para siempre en nuestra memoria. Quizá por eso deberíamos aprender a reconocerlos y, sobre todo, a no darlos nunca por hecho.


Hay regalos que no vienen envueltos y que, precisamente por eso, quizá no siempre sabemos reconocer.

El tiempo, la escucha, una palabra sincera, la presencia de alguien cuando más lo necesitamos… son pequeñas formas de decir «estoy aquí» que tienen un valor mucho mayor del que imaginamos.

Porque cuando alguien decide compartir contigo su tiempo y su verdad, no te está dando simplemente unos minutos de su día. Te está entregando una parte de su vida, una parte que ya nunca podrá recuperar.

Aprender a valorarlo es el primer paso.

A veces estamos tan acostumbrados a recibir que olvidamos detenernos a agradecer. Damos por hecho que esa persona estará ahí, que volverá a escuchar, que tendrá tiempo para nosotros una vez más. Pero nadie sabe cuántas veces podrá hacerlo.

Por eso, quizá valorar a alguien no consista solamente en decir «gracias», sino en cuidar aquello que nos está ofreciendo.

Escuchar cuando nos hablan, estar presentes cuando nos necesitan y no hacer sentir pequeño aquello que alguien nos entrega con el corazón.

Porque quien da desde la verdad no calcula cuánto recibirá a cambio. Simplemente comparte lo que lleva dentro.

Y quien da con el corazón nunca pierde, porque lo que entrega con amor también deja una huella en su propio camino.

Quizá ahí esté una de las formas más bonitas de generosidad: dar sin perderse, compartir sin exigir y dejar algo bueno en la vida de alguien, aunque sea solamente un momento, una palabra o un poco de nuestro tiempo.

Porque, al final, hay cosas que no se pueden envolver ni comprar.

Solo se pueden ofrecer desde el corazón.




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