A veces decir «hasta aquí» también es quererse
Durante mucho tiempo podemos confundir la bondad con estar siempre disponibles para los demás. Hasta que un día comprendemos que cuidar a otros no debería significar olvidarnos de nosotros mismos. Hay momentos en los que poner un límite no es alejarse por rencor, sino elegir la tranquilidad que tanto nos ha costado recuperar.
La paz interior no se negocia, porque cuando la pierdes, todo lo demás empieza a pesar más de la cuenta.
A veces hay personas y situaciones que simplemente nos quitan energía.
Soltar el pasado también es cuidarse. Dejar atrás aquello que altera nuestro equilibrio no es rendirse; es elegir vivir con más verdad, más ligereza y más dignidad.
A veces me duele ver cómo algunas personas solo se acuerdan de ti cuando necesitan algo, pero desaparecen cuando eres tú quien necesita una palabra o una mano tendida.
He aprendido que eso habla más de ellas que de mí: de sus vacíos, de su egoísmo o de su incapacidad para sostener vínculos sinceros.
Yo, en cambio, elijo seguir siendo la misma, pero con límites.
Cuido mi paz y aprendo a quedarme con quienes también se quedan cuando las cosas se ponen difíciles.
Porque mi tiempo, mi cariño y mi atención tienen valor, y ya no quiero entregarlos a quien solo me ve como un recurso y no como una persona.
Cuidar mi paz no significa cerrar el corazón. Significa aprender a poner límites sin dejar de ser quien soy.
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