Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El día fuera del tiempo

¿Y si soltar no significara perder, sino hacer espacio para la paz?

Avanzamos cargando una mochila invisible de silencios y sueños dormidos. Hoy la vida nos regala un paréntesis para vaciarla. Cuando el universo calla para que hable el alma.



Existe un día en el año en el que el tiempo parece contener el aliento. Un día suspendido entre lo que termina y lo que está por comenzar. Un instante que no pertenece del todo al ayer ni al mañana, libre de las prisas, de los calendarios y de los números.
Muchas personas conocen este día como el Día Fuera del Tiempo. Cada 25 de julio nos invita a detenernos y recordar uno de los aprendizajes más difíciles y, al mismo tiempo, más liberadores de la vida: el arte de soltar.
Vivimos corriendo, coleccionando inviernos en los ojos y guardando silencios en el pecho.
Avanzamos con una mochila invisible llena de mapas desgastados, palabras que nunca pronunciamos, abrazos que no llegaron a darse y sueños que el miedo dejó dormidos.
Pero hoy la vida nos regala un paréntesis.
Una pausa que parece susurrarnos al oído:
Detente. Ya no tienes que cargar con todo.
Dejar ir no significa olvidar.
Significa comprender que algunas heridas ya nos enseñaron lo que tenían que enseñarnos y que permanecer abrazados al dolor solo impide que nuestras manos puedan recibir lo nuevo.
Aferrarnos a lo que fue es como intentar encender un fuego con cenizas húmedas: solo conseguimos llenarnos las manos de hollín y el alma de humo.
Hoy puede ser un buen momento para vaciar los bolsillos del corazón y sentarnos, en silencio, a la orilla de nuestros propios sentimientos.
Quizá sea el momento de...
...Perdonar a quienes nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotros mismos por las veces que no supimos tratarnos con la misma compasión que ofrecíamos a los demás.
...Agradecer las tormentas que, aunque despeinaron nuestra alma, también limpiaron aquello que ya no tenía vida.
...Comprender que unas manos aferradas al pasado difícilmente pueden abrazar los milagros del presente.

Volver a respirar

Tal vez hoy la mayor poesía sea el silencio.

Apaga por un momento el ruido del mundo.

Escucha el latido de tu propio corazón.

Abraza tus cicatrices con la ternura de quien ya no necesita luchar contra ellas. Y deja que el viento se lleve aquello que hace tiempo dejó de pertenecerte.
Porque mañana comenzará un nuevo ciclo. Y quizá la mejor manera de recibirlo no sea llevando más peso. Sino caminando con el alma un poco más ligera.

A veces no necesitamos que la vida nos dé más. Solo necesitamos aprender a soltar aquello que ya no nos deja avanzar.

Quizá no podamos elegir las fechas que marcaron nuestra vida. Pero sí podemos decidir qué significado tendrán a partir de hoy.


Detrás de la imagen:

El árbol no transmite tristeza, transmite serenidad.
Las hojas cayendo son pocas, las justas. No parece que el árbol esté muriendo, sino dejando marchar aquello que ya cumplió su ciclo.
El amanecer simboliza el comienzo de una etapa nueva.
El lago está completamente en calma, invitando a la introspección.

Hay árboles que no temen dejar caer sus hojas, porque saben que la vida siempre encuentra la forma de volver a florecer.
El amanecer no borra la noche. Simplemente le recuerda que su tiempo ya pasó.
Soltar no siempre significa perder. A veces significa hacer espacio para la paz.

Hay días en los que la vida nos invita a detenernos. A mirar hacia dentro con la misma serenidad con la que un árbol deja caer sus hojas, confiando en que cada despedida prepara el camino para un nuevo comienzo.


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