Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Las letras que somos en la oscuridad


Sobre lo que somos cuando nadie nos mira, y por qué esa parte también merece ser vivida.

Hay un poema que habla de lo que hacen las letras del abecedario cuando el aula se queda vacía. Al leerlo, no pude evitar pensar en nosotros.


Hay un poema de Spike Milligan que me ronda la cabeza últimamente. Se llama The ABC y habla de lo que hacen las letras de un abecedario cuando el aula se queda vacía y cae la noche. 

En su juego absurdo, cobran vida: discuten, se miran de reojo, se juzgan y se abrazan. 

Al leerlo, no pude evitar pensar en nosotros. En la maravillosa y caótica verdad de lo que significa estar vivos.

A veces me pregunto cuántas veces nos hemos sentido como la letra "C" de ese poema, a la que las demás critican por no ser una "O" perfecta y redonda. Qué desgaste tan humano ese de vivir comparándonos, intentando llenar los moldes de otros, sintiendo que nos falta un pedazo para encajar. 

Nos da miedo la línea rota, la curva inacabada, la cicatriz que nos hace distintos. Y olvidamos que, si todos fuéramos esa "O" perfecta, el mundo sería un silencio monótono. Hacen falta nuestras esquinas incómodas y nuestras formas extrañas para que la vida tenga poesía.

Durante el día, todos sabemos actuar. Nos vestimos con la cordura, el orden y el control que el mundo espera de nosotros. Somos el aula limpia bajo la luz del sol. Pero es al llegar la noche, en el refugio del silencio, cuando nuestro verdadero abecedario despierta. Ahí, a solas con la almohada, cobran vida nuestros miedos más mudos, las pasiones que no nos atrevemos a gritar y esa hermosa locura que intentamos esconder. 

Ese desorden interno no nos hace débiles; nos hace reales. Es el lugar donde nacen los sentimientos más puros.
Ninguno de nosotros nació para ser una letra aislada flotando en el vacío.

 Solos, solo somos un sonido que se pierde. 

Existimos de verdad cuando nos atrevemos a mezclarnos, a chocar, a rompernos y a reconstruirnos al lado de alguien más. 

La vida late cuando nos convertimos en palabra, en abrazo, en refugio. 

Quizás vivir sea solo eso: aceptar la forma imperfecta que nos tocó ser, dejar de disculparnos por nuestra rareza y encontrar a las personas que sepan leernos y darnos sentido en medio del caos. Porque, cuando el aula vuelve a llenarse y amanece un nuevo día, ninguna letra ha dejado de ser ella misma. Y, sin embargo, juntas siguen siendo capaces de escribir las historias más hermosas.

Reflexión final: 

Quizá la próxima vez que sientas que no encajas, recuerdes que ninguna letra nació para ser perfecta. Nació para formar parte de algo más grande.


Detrás de la imagen: 

Cuando el último alumno se marcha y la puerta se cierra, el aula deja de ser un lugar para aprender y se convierte en un lugar para imaginar.

Quizá las letras nunca estuvieron quietas; quizá solo esperaban a que llegara la noche para recordarnos que la imaginación también forma parte de la verdad.

Cuando el aula se vacía, el silencio comienza a hablar. La luna entra por la ventana, las sombras se alargan y un cuaderno abierto espera a que alguien escriba la siguiente palabra.

Quizá, cuando nadie nos observa, también nosotros dejamos de interpretar un papel y nos convertimos, por fin, en quienes somos.

Hay noches en las que hasta las letras parecen despertar.





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