Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Sabiduría Shaolin

La verdadera fuerza quizá no esté en dominar a los demás, sino en aprender a dominarnos a nosotros mismos.

Hay enseñanzas que atraviesan los siglos porque, aunque hayan nacido en otro tiempo y en otra cultura, siguen hablando de cosas que todos conocemos: la calma, la disciplina, la humildad, la fuerza interior y esa difícil tarea de aprender a vivir en equilibrio.


Entre las antiguas enseñanzas orientales encontramos muchas ideas que invitan a detenernos y mirar hacia dentro. No para convertirnos en personas perfectas, sino para aprender a conocernos un poco mejor.

Quizá algunas de ellas puedan acompañarnos también hoy.

La verdadera fuerza no siempre se encuentra en los músculos. También está en saber mantener la calma cuando todo alrededor parece desordenarse, en respirar antes de responder y en no permitir que la rabia, el orgullo o el miedo decidan por nosotros.

Aprender a cuidar nuestro equilibrio interior es una tarea que dura toda la vida. Hay días en los que nos sentimos fuertes y otros en los que cualquier pequeña dificultad parece demasiado grande. Y está bien. La serenidad no significa que nunca vayamos a tambalearnos, sino que aprendamos a volver a nuestro centro cada vez que lo perdemos.

También está la humildad.

Podemos saber mucho y, aun así, tener siempre algo que aprender de los demás. Podemos ser buenos en algo y reconocer que otra persona lo hace de una manera diferente. La arrogancia nos hace creer que ya lo sabemos todo; la humildad nos deja espacio para seguir creciendo.

Quizá por eso conocerse a uno mismo sea uno de los aprendizajes más importantes.

Es fácil señalar los errores de los demás. Mucho más difícil es mirar los nuestros con honestidad. Es fácil querer cambiar aquello que nos molesta de quienes tenemos cerca. Mucho más difícil es preguntarnos qué podemos cambiar nosotros.

Dominar a otra persona puede parecer una demostración de poder.

Dominar nuestro propio orgullo, nuestra impaciencia o nuestras palabras cuando estamos enfadados requiere una fuerza mucho mayor.

Y hay otra enseñanza que me gusta especialmente: lo que parece débil no siempre lo es.

Un árbol joven se mueve con el viento. Sus ramas todavía son flexibles. Los árboles viejos y rígidos pueden parecer más fuertes, pero precisamente por esa rigidez pueden quebrarse cuando llega una tormenta.

Quizá en la vida ocurra algo parecido.

A veces pensamos que ser fuertes significa no ceder nunca, no mostrar nuestras emociones, no cambiar de opinión y resistirlo todo. Pero también hace falta fortaleza para reconocer que necesitamos ayuda, para pedir perdón, para cambiar de camino o para aceptar que algo ya no nos hace bien.

Ser flexible no significa ser débil.

A veces significa saber adaptarse para poder seguir adelante.

Y después está la paciencia.

Ningún árbol comienza siendo grande. Antes fue una pequeña semilla. Ninguna construcción aparece de repente. Todo empieza por algo pequeño.

También nuestros cambios.

Una decisión, una conversación, una disculpa, una costumbre nueva, una pequeña renuncia, un primer intento… pueden parecer insignificantes cuando ocurren. Pero con el tiempo pueden terminar cambiando una vida.

Por eso me quedo con esa hermosa idea de que todo largo camino comienza con un primer paso.

No necesitamos saber hoy cómo será todo el recorrido. Quizá basta con saber cuál es el siguiente paso que podemos dar.

Y, sobre todo, recordar que la verdadera sabiduría no consiste únicamente en aprender cosas, sino en aprender a vivirlas.

Cuidar nuestro cuerpo, escuchar nuestra mente, respetar a los demás, reconocer nuestros errores, mantener la humildad y no olvidar la sensibilidad que nos hace humanos.

Porque quizá la mayor maestría no sea llegar a dominarlo todo.

Quizá sea aprender a vivir en paz con nosotros mismos.

Y cuando llegue una tormenta, recordar que no siempre tenemos que luchar contra ella.

A veces también podemos aprender a movernos con el viento.



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