Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


La verdad de la mujer

Una mujer no necesita estar por encima de nadie para conocer su valor.

Durante mucho tiempo nos han contado cómo debe ser una mujer, qué lugar debe ocupar y hasta cómo debe ser querida. Pero quizá la verdad sea mucho más sencilla: una mujer merece poder caminar a su lado, con la libertad de ser quien es y con la certeza de que nunca tiene que aceptar menos de lo que merece.


Una mujer no necesita estar por encima de nadie para conocer su valor.

Durante mucho tiempo nos han contado cómo debe ser una mujer, qué lugar debe ocupar y hasta cómo debe ser querida.

Pero quizá la verdad sea mucho más sencilla.

Una mujer no necesita estar por encima de nadie.

Tampoco debajo.

Necesita poder caminar al lado.

Al lado de quien la quiera, la respete y comprenda que tener una relación no significa poseerse, sino acompañarse.

Porque querer a una mujer no consiste en decidir por ella, protegerla como si no pudiera valerse por sí misma ni hacerla sentir pequeña para sentirse grande.

Consiste en respetar su voz.

Escucharla.

Cuidarla cuando lo necesite y saber que ella también cuidará de ti cuando seas tú quien necesite apoyo.

Consiste en poder compartir silencios sin incomodidad, alegrías sin competir y dificultades sin buscar culpables.

Y, sobre todo, consiste en no hacer daño deliberadamente.

Hay lágrimas que nadie ve.

Mujeres que sonríen mientras por dentro están agotadas. Que dicen «no pasa nada» porque no encuentran las palabras para explicar lo que sienten. Que siguen adelante mientras llevan demasiado tiempo sosteniendo cosas que nadie sabe.

Por eso deberíamos tener cuidado con las palabras que decimos y con la forma en que tratamos a las personas que tenemos cerca.

No solo a las mujeres.

A cualquiera.

Porque ninguna persona debería tener que hacerse pequeña para que otra pueda sentirse grande.

Ninguna debería sentirse obligada a soportar desprecios, humillaciones o indiferencia en nombre del amor.

Y ninguna debería olvidar que merece ser tratada con dignidad.

Quizá ese sea el verdadero mensaje que podemos guardar de estas palabras.

No hace falta hablar de superioridad ni de inferioridad.

Hablemos de igualdad.

De respeto.

De cariño.

De dos personas que se miran de frente y deciden caminar juntas sin que ninguna tenga que dejar de ser quien es.

Porque una mujer no necesita que alguien la coloque en un pedestal.

Necesita que la miren a los ojos.

Que escuchen lo que tiene que decir.

Que respeten sus decisiones.

Que sepan abrazarla cuando lo necesite.

Y que nunca confundan amor con posesión.

Porque querer bien a alguien quizá sea precisamente eso:

caminar a su lado, sin pisarla, sin dominarla y sin pedirle que deje de ser ella para poder amarla.



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